23 Jul, 2015

Al final todo sale bien, es un misterio.

William miraba el panorama aterrado…

– «Será un desastre» – afirmó.

– «No. Todo saldrá bien» – le contestó Mr. Henslowe.

– «¿Cómo?» – le preguntó de nuevo con ansiedad.

– «No lo sé, es un misterio» – trató de calmarle…

Había sido contratado para escribir una obra en el teatro de Philip Henslowe, pero, después de enterarse de que su amada lo estaba engañando, William, quema su nueva comedia y la comienza de nuevo titulándola: «La tragedia de Romeo y Julieta«.

Pero, sufre el clásico bloqueo de escritor y es incapaz de completar la obra.

Se realizan las primeras pruebas para la selección de los papeles principales y un joven llamado Thomas Kent será el elegido para el papel de Julieta. Kent, es en realidad Viola de Lesseps, la hija de un rico comerciante que anhela actuar. Pero las mujeres tienen prohibido subirse a un escenario, por lo que decide disfrazarse de chico y quedarse con el papel.

William descubre la verdadera identidad de su protagonista. Viola y él, comenzarán un romance secreto apasionado. Inspirado por ella, Shakespeare vuelve a escribir. Ambos saben que su aventura no les llevará muy lejos, los padres de Viola han arreglado su compromiso con Lord Wessex, un aristócrata necesitado de dinero.

La obra, su amor, su gente, todo se iba complicando poco a poco. Una apuesta, otros intereses, una denuncia, un tartamudo, mas sorpresas, muchas peleas, enredos, lucha, dinero, amor… Todo se mezclará dentro y fuera de la obra de William.

¿Logrará tener éxito?

misterio

William se enfrentaba a tantos retos: escribir su obra, tener un teatro donde representar su obra, tener los actores idóneos, hacer que todo funcionara, ganar las 50 libras de su apuesta con Lord Wessex, agradar a la Reina…

Pero, ¿conseguirá William, con su obra, reflejar el verdadero amor?

Se esforzaría por conseguirlo.

¿Cuántas veces la ejecución de una acción trae consigo múltiples objetivos?

No será ni la primera vez en nuestra trayectoria profesional o personal en la que tengamos que depender de circunstancias ajenas a nuestro trabajo. Por mucho que nos esforcemos, trabajemos, planifiquemos y organicemos todo en torno a una clara estrategia, siempre surgirán problemas o incidencias que nos hagan salirnos del guión y nos haga recurrir a la improvisación o a planes alternativos.

¿Cuántas veces nos enfrentamos a momentos similares?

Lo ideal es que las cosas salgan según lo previsto y se haga un trabajo «redondo». Pero para ello, lo importante es cuidar los detalles de principio a fin. Sobre todo en todo lo que concierne al equipo que nos acompaña. Muchas veces, nuestro trabajo dependerá de sus acciones o de sus resultados, y, a pesar de las posibles tensiones de trabajo, debemos apoyarles, darles seguridad y confiar en ellos.

Debemos saber delegar.

Ya tendremos tiempo de retomar el centro de la acción si es necesario, como nuestro protagonista de hoy, que protagonizó su propia obra. Pero debemos asignar y delimitar las funciones y responsabilidades de todos y cada uno de ellos para que todo salga bien.

Y ante todo, si llegan las dificultades, no parar, continuar, mantener la calma, y, sobre todo, no darse nunca por vencido. Debemos comportarnos como si todo fuera realmente bien.

Porque en el fondo lo estamos haciendo bien.

Ahora bien, ¿cuántas veces ante la felicitación de un cliente hemos tenido este pensamiento?

– «Si tú supieras lo que realmente nos ha costado hacerlo realidad…» –

Esta frase quedará y deberá quedar siempre dentro de nosotros, oculta entre una parte más del trabajo, formando parte de nuestra labor, de nuestro conocimiento, de nuestra profesionalidad. Como si fuera un misterio.

todo sale bien

Finalmente, aquel estreno de Romeo y Julieta salió a la perfección. Además de ganarse el apoyo Real, William adquirió más experiencia y más conocimientos. A partir de entonces tuvo una nueva motivación, una nueva razón de ser, una nueva musa, una nueva inspiración.

– «Porque ella será mi heroína de todos los tiempos y su nombre será … Viola». –

Por nuestra parte, sólo nos queda apuntar que, a pesar de las dificultades que se nos presentan a diario debemos seguir luchando, peleando y sufriendo. El esfuerzo merecerá la pena. Nuestros clientes nos lo exigen y apuestan por nuestro trabajo. Somos su esperanza, somos su solución. No lo olvidemos.

Como decía Albert Schweitzer: «Según vamos adquiriendo conocimiento, las cosas no se hacen más comprensibles, sino más misteriosas».

Al final, sabremos aplicar nuestros conocimientos en su justa medida.

Al final, usaremos nuestra experiencia para controlar la situación.

Al final, todo saldrá bien.

¿Te gusta el misterio?

¡A nosotros sí!

Jorge Jiménez Suárez

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