15 May, 2014

Confianza, mensaje efectivo.

– «Te quiero, Molly» –

– «Idem, Sam» –

Gracias al haz de luz podía ver su cuerpo, besarle y despedirse de él. Gracias a la intermediación de Oda Mae, habían podido comunicarse por última vez. Gracias a la confianza de los tres, su desgracia se había tornado en triunfo, en victoria, en felicidad, en satisfacción.

Molly y Sam eran una pareja feliz.

Por lo que parece un desgraciado capricho del destino, Sam muere de un disparo a manos de un ladrón a la salida del teatro. Sam descubre que ya no se encuentra en el mundo de los vivos y que su muerte no es tan casual como parece. Su intimo amigo y socio ha urdido un plan para robar una importante cantidad de dinero y debe introducirse en la vida de Molly quitando primero de en medio a Sam. Este, en su afán por avisar a Molly de los peligros que corre, buscará la manera de comunicarse con ella, buscará ayuda, buscará un intermediario, buscará a alguien que pueda sintonizarlos, alguien que pueda lograrlo, alguien en quien puedan confiar.

Confianza Ghost 2

En nuestro afán por la formación y la mejora continua, estas últimas semanas, hemos tenido la oportunidad de asistir a unos cursos impartidos por unos excelentes compañeros de profesión para el perfeccionamiento de programación de páginas web en WordPress y posicionamiento en internet.

En uno de ellos, el responsable del curso, incidía mucho en la correcta aplicación del modelo AIDA a la hora de planificar la comunicación de la empresa. No entramos a debate sobre el tema, pero si bien es un modelo con más de un siglo de vigencia, al igual que otras herramientas de marketing, puede quedar obsoleto si no incluimos alguna variable más.

El modelo tradicional, enunciado por Elias St. Elmo Lewis en 1898 constaba de cuatro elementos:

Atención, Interés, Deseo y Acción.

Centrándonos en el modelo, la atención es la obtención de esa chispa que nos diferencie de los demás con algo llamativo, algo, curioso, algo novedoso, algo rompedor. Eso sí, que tenga sentido y guarde relación con nuestro propósito.

Llamada la atención, el siguiente paso es lograr generar interés, es decir, ofrecer algo a la persona que nos atiende para que pueda satisfacer una necesidad.

¿Cómo?

Contando una historia o publicando entradas en un blog, sobre temas que se dominan, con ideas, con casos de éxito o personas satisfechas. Intentando, en mayor medida, demostrar que será la solución a lo que busca.

Y el deseo surgirá como consecuencia de la buena ejecución de la generación de interés y una buena demostración. Lo que producirá el ansia por participar, compartir y obtener algún beneficio. En definitiva, lograr una felicidad momentánea o la plena satisfacción de una necesidad.

El deseo, incluso, se puede potenciar con ofertas, aplicando algún tipo de promoción efectiva o incentivando la participación.

Finalmente, la acción se concreta en la adquisición del bien o servicio ofrecido.

El mensaje debe ser efectivo, debe llevar a la acción.

Pero todo este proceso debe ser consecuente, debe tener armonía, debe tener sentido. Aunque otros autores y compañeros han incluido otras variables en este modelo, nosotros defendemos la confianza como eje canalizador del mensaje efectivo. La falta de confianza puede ser uno de los frenos de compra o adquisición o de generar incluso el deseo.

La confianza se obtiene con interlocutores válidos, equipos preparados con una buena predisposición y una clara vocación por la atención al cliente. La confianza de un cliente nunca se debe perder.

AIDCA hgm Marketing

Sam logró transmitir su mensaje y llegar hasta Molly. La confianza dada a Oda Mae y la que ésta transmite son suficientes para lograr que la pareja se reúna de nuevo, se despidan, retomen sus vidas y proyecten su futuro.

Si el modelo de comunicación tradicional lo aplicamos en nuestra estrategia no debemos olvidar, una vez más, que lo primero somos personas y que para transmitir ideas, conceptos y recomendaciones, nuestros interlocutores, target o público objetivo, deben tener plenas garantías de quien transmite el mensaje. Deben tener confianza en su nosotros y en nuestras ideas.

Y como decía Stanley Bendelac: «en este negocio lo que importan son las ideas y las personas».

¿Nos concedes tu confianza?

Jorge Jiménez Suárez

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