24 Dic, 2013

Empatiza con tus clientes, hazles tilín.

– ¿Quién es George Bailey? – pregunto Clarence.

– Un hombre que abandona sus sueños para poder ayudar a otros. – respondió San José.

«Ahora mismo, está tan desesperado que está a punto de cometer una locura. Ha decidido suicidarse pensando que vale más muerto que vivo. Cree que su seguro de vida es la única solución a todos sus problemas.»

– Deberás ir a la tierra y ayudarle si quieres ganarte tus alas – le ordenó San José.

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George, cuando ya tenia decidido arrojarse por un puente, se da cuenta de que una persona cae delante de él. Ve como se hunde, poco a poco, en las gélidas aguas del río. Olvidando su intención de suicidarse, se lanza al agua y lo salva. Clarence, que así se llama el rescatado, se presenta como su ángel de la guarda. George piensa, que, al ser una persona mayor, está algo senil y no le toma en serio. Mientras charlan y se secan las ropas mojadas, entablan una larga conversación en la que George le confiesa que desearía no haber nacido.

Clarence, su ángel de la guarda, después de meditarlo, se lo concede.

George, cuando regresa al pueblo, prácticamente no reconoce nada, todo ha cambiado.

Ya nada era como él lo conocía.

Entonces, ¿qué había pasado?

Su ángel de la guarda había atendido su petición. Le mostró lo que habría sucedido si no hubiera existido. A George le parecía una locura ver, que, todo por lo que había luchado, había desaparecido, todos los que le habían querido no le reconocían y todo lo que había creado o ayudado a crear, simplemente, nunca había existido.

¿Qué necesitó Clarence para ayudar a George?

Escuchar, entender y dedicarle tiempo. Conocerle bien.

¿Para qué necesitaba conocerlo bien?

Para saber lo que realmente sentía, para saber lo que necesitaba, para ponerse en su lugar, para empatizar con él.

¿Cuál era su objetivo?

Que todo cuenta, para mostrarle el camino, para hacerle ver que siempre hay opciones, que hay solución, que hay esperanza.

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Es posible que conozcamos personas o clientes que, hoy, puedan estar pasando por una situación incierta. Ya sea por una situación excepcional de su vida, como por las malas perspectivas de su negocio o porque no haya sabido adaptarse a los rápidos y continuos cambios que se van produciendo a diario.

Es posible que no hayamos reparado en que para poder ayudarlos es necesario conocerles bien, su trayectoria, sus logros, sus aciertos, sus errores. Como también es necesario saber qué siente, qué pasa por su mente, cuáles son sus inquietudes, cuáles son sus preocupaciones.

Es muy posible que al sentirse apoyado, al sentirse comprendido, al sentirse respaldado, sabiendo que no está sólo, sabiendo que alguien más le acompaña, logre salir adelante.

Es posible que al recordarle las cosas que ha hecho en el pasado y lo que significan, puedan darse cuenta de que todo lo que ha formado parte de su camino hasta ahora, cuenta, es importante y lo seguirá siendo más adelante. Si lo ha hecho bien en el pasado, ¿por qué no habría de hacerlo bien en el futuro?

Es posible que le recordemos que las ganas, el sacrificio y la pasión empleadas en el pasado, siguen siendo garantía de éxito futuro.

Es posible que si le ayudamos a conocer las nuevas herramientas de trabajo y de comunicación se ilusione de nuevo.

Es posible que vea otra realidad y que nunca tire la toalla.

¡Hagamos que esto ocurra!

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Al final, George se da cuenta de que estaba equivocado, no había apreciado todo lo que había hecho por sus semejantes y por su ciudad. Descubrió que en realidad  era el «hombre más rico de la ciudad«. La vida le devolvía su generosidad.

Del árbol de navidad suena el tintineo de unas campanillas. Anuncian que Clarence ha ganado sus alas.

George, sonríe, guiña un ojo y da las gracias a Clarence.

Para nosotros, la empatía es el camino más corto al entendimiento, a la comprensión y al conocimiento.

El conocimiento es el camino de lo auténtico, de lo genuino, de la generosidad.

La generosidad es el sacrificio y la pasión por lograr hacer el trabajo bien hecho.

El trabajo bien hecho es el camino de la satisfacción, de la felicidad, del éxito.

Por eso queremos ser tu ángel de la guarda. ¿Nos ayudas a conseguir nuestras alas?

¡Tilín, Tilín!

¡Feliz Navidad!

Jorge Jiménez Suárez

 

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