19 May, 2016

Funcionar, mejorar, transformarse, acertar.

–  «¿Quién va a leerme cuentos para dormirme?»- le preguntó Billy.

– «Tu mamá» – le contestó Ted.

– «¿Ya no vas a darme el beso de las buenas noches, papi?» – le preguntó entre sollozos.

– «No, ya no podré hacer eso, pero…iré a visitarte. Todo estará bien, Billy» – le dijo.

– «¿Y si no me gusta, puedo volver a casa?» – preguntó de nuevo Billy.

– «¿Cómo que si no te gusta? Te lo vas a pasar muy bien con mamá…» – le replicó.

-«Papi, no olvides llamarme cuando puedas. ¿Lo harás?» – preguntó su hijo de nuevo.

– «Claro que lo haré» – le contestó con un nudo en la garganta.

Ted Kramer tenía una gran proyección profesional. Dedicaba la mayor parte de sus esfuerzos a su trabajo por lo que pasaba la mayor parte de su tiempo en la oficina. Un día, al volver a casa, su mujer, Joanna, le anuncia su marcha y le deja solo al cuidado de Billy, su hijo de cinco años.

De la noche a la mañana, Ted deberá aprender a ser padre sin descuidar su trabajo. Ted descubrirá que no es fácil compatibilizar la dedicación profesional y la vida familiar cuando se está solo. Y mientras su vida profesional se desmorona, su nueva faceta como padre crece.

¿Cuál era la mejor forma de acertar?

luchar

Ted decidió volcarse en su hijo renunciando a dedicarle más tiempo a su profesión. Descubre otra manera de vivir, de experimentar, de sentir, creando un vínculo muy fuerte con su hijo. Pero cuando ya se ha adaptado a su nueva vida y comienza a sentirse realizado como padre, Joanna vuelve un año y medio después. Y quiere recuperar a su hijo.

Ella, crea el entorno y el espacio necesario para llevarse a Billy. Y demanda a Ted por su custodia. Ted, lo único que puede hacer es intentar razonar con ella la nueva situación de todos para poder llegar a un entendimiento en beneficio de su hijo. Pero parece imposible. Ted debe convencer al juez ante un único argumento razonable. Ella es la madre.

¿Lo podría mejorar?

Son innumerables las ocasiones en las que atendemos a empresas y profesionales que quieren cambiar. Y estamos de acuerdo, abogamos por la transformación digital de todas ellas. Aunque muchas veces no compartimos esa ansiedad por realizar cambios innecesarios y así lo expresamos. Cuando tenemos toda la información sobre su situación y la analizamos, en muchas ocasiones, vemos que hay que cambiar algunas cosas, otras que hay que quitarlas, otras que hay que adaptarlas. Pero otras muchas, lo que tienen, es acertado, es correcto, es idóneo. Pero al cliente no le basta.

¿Por qué querer cambiar cuando puede funcionar?

Quizá podamos detectar una falta de entendimiento o de sincronización de las campañas de comunicación que tienen con sus clientes. Muchas veces la incapacidad de poderse comunicar con el target al que van dirigidos no obedece a una carencia sino a una ágil adaptación al momento, a realizar una necesaria transformación digital.

Simplemente unas pequeñas mejoras en cuanto a imagen, como una renovación de web. Un acercamiento a los clientes o usuarios a través de las redes sociales puede ser de gran ayuda. Si algo queremos mejorar debemos luchar por ello. Pero sin cambiar nuestra estilo, el fondo, nuestra identidad.

Debemos valorar lo que tenemos.

Y por supuesto, cuando las cosas funcionan, lo mejor es dejarlas como están o adaptarlas al entorno lo necesario, sin cambiar la esencia. Si no somos capaces de hacer que las cosas puedan funcionar, debemos transformarlas, mejorarlas e incluso cambiarlas. Quizá sea esa la mejor forma de acertar en todo aquello que nos propongamos.

acertar

Al final, Joanna analiza la situación y cede. A pesar de ganar el juicio por la custodia de Billy, sabe que lo mejor para su hijo y para todos, es que se quede al cuidado de su padre. Un padre con el que ha creado un estrecho vínculo, tan bueno y tan válido para su futuro como el que ella podía ofrecerle. Por lo que Ted se queda con Billy y Joanna acierta en su decisión.

Si algo hemos aprendido estos años es a valorar lo que nos piden y con lo que contamos para realizar nuestro trabajo. No dejaremos de decirles con sinceridad a nuestros clientes lo que realmente creemos que necesitan. Donde insistir, donde ceder, donde mejorar. Por supuesto seguiremos peleando por que tengan lo mejor, aunque nos perjudique. Decirle a un cliente que es correcto lo que tiene y que debe seguir con ello puede ser una manera de ganarnos su confianza en un futuro. Seguramente nos concederá la oportunidad de equivocarnos o de tener un gran acierto.

Como dijo Benito Jerónimo Feijoó: «Sólo de un modo se puede acertar; errar, de infinitos.»

¿Nos cedes tu confianza?

¡Acertarás!

Jorge Jiménez Suárez

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