7 Ene, 2016

Grandes esperanzas, grandes oportunidades.

– «¿Qué le empujó al pequeño Pip a ayudar a aquel convicto?» –

– «¿Quizá el miedo? –

– «¿La compasión?» –

– «¿Sabría cuál serían las consecuencias de su acción?» –

Philip Pirrip,  «Pip», había decidido ayudar al presidiario que había escapado del barco-prisión mientras visitaba la tumba de sus padres. Y a pesar de haber robado una hogaza de pan para que saciara su hambre y una lima para cortar sus grilletes, el preso fue de nuevo atrapado.

¿Sirvió de algo arriesgarse tanto?

Años después, Pip fue enviado a la casa de la Señorita Havisham, para pasar las tardes, entretenerla y de paso, aprender maneras. Allí conocerá a Estella que lo tratará cruelmente y se burlará de su ropa y de su forma de ser, pero aún así, Pip aguantará. Se había enamorado de ella. Aunque para poder conseguir su amor debería llegar a ser  un caballero.

Él albergaba grandes esperanzas.

Un tiempo más tarde recibió la visita del Sr. Jaggers, el cual le anunció, que tenía un benefactor. Por lo que tendría la oportunidad de estudiar en Londres para convertirse en un caballero. La condición fue, que mientras el joven Pip fuera educado, el nombre de su protector le sería ocultado.

Ante él se abrían grandes oportunidades.

grandes esperanzas

Al cumplir la mayoría de edad Pip heredó una fortuna. Una noche recibió la visita de un hombre mayor. Su nombre: Abel Magwitch. Él era el convicto que había visto en el cementerio cuando era un niño y al cual intentó ayudar dándole de comer y facilitándole una lima para que se liberara de sus cadenas.  Magwitch, finalmente, le contó que había sido condenado a emigrar a Australia y que le tenían prohibido volver. Sin embargo, él había regresado sólo para poder verlo. Él era la persona que había apostado por él, que creía en él.

Era su benefactor, era su protector.

Son incontables las veces en las que no sabemos por qué razón ayudamos o apoyamos a otras personas o profesionales. La mayor parte de las veces solemos equivocarnos, pero aún sabiendo que podemos fallar, lo hacemos. Quizá veamos o sintamos algo en nuestro interior que nos empuja a ello. Quizá es que tengan datos y resultados que les avalen. Quizá sólo sea el deseo o el destello de que, por caprichos del destino, nuestra apuesta sea acertada.

Nos damos por satisfechos por haberlo intentado.

Por haber sido generosos con nuestro tiempo y con nuestro esfuerzo en brindar la oportunidad de que a los demás les pueda ir bien.  Nos gusta y nos hace sentir mejor que los demás puedan colmarse de esperanza por el hecho de compartir su camino con nosotros.

Siempre hemos apostado por el camino de la generosidad. Saber y poder compartir nuestra experiencia y nuestros conocimientos en reuniones, conversaciones personales o en nuestras queridas redes sociales nos colma de satisfacción. Somos conscientes de que con que llegue al menos a una persona, será suficiente para desencadenar un flujo de información y de futuras relaciones provechosas que en el futuro traerán consecuencias.

Por todo ello, seguimos invirtiendo nuestro tiempo en formación y en educación. Nunca debemos dejar de aprender. Lo que hoy sirve o vale, mañana es posible que ya no tenga sentido, no hay que bajar la guardia. Y al igual que nuestro ejemplo de hoy, es importante ayudar a los demás siempre que veamos que puede haber una esperanza de mejora o de proyección. Siempre debemos buscar el mejor camino para sacar el máximo partido a las oportunidades que se nos presentan o que se les presentan a nuestros clientes, compañeros o amigos.

Debemos intentarlo.

grandes oportunidades

Aquella pequeña ayuda que aquel inocente niño prestó al presidiario, generó la chispa de la esperanza para poder escapar y cambiar de vida. Pero, a pesar de no lograrlo, siempre se acordó de aquella acción y de aquel chico. Aunque él no pudo aprovechar su oportunidad, si estuvo en disposición de devolver el favor. Abrió su corazón, le garantizó un futuro y le brindó la oportunidad de poder alcanzar a Estella y de poder triunfar.

Todos debemos apoyar o tener la oportunidad de sentirnos apoyados o respaldados por nuestra labor. En esta pequeña agencia, a parte de estar involucrados en la actividad y el progreso de nuestros clientes, siempre hemos procurado apostar por aquellos que más difícil lo tenían y con el tiempo, aunque nuestra relación no funcionara, se han acordado de nuestro trabajo, de nuestra labor, de nuestro estilo.

Pensamos que nuestra audacia en un momento determinado puede ser clave en el inicio o en los puntos de inflexión que muchas empresas y clientes necesitan. A veces un leve «empujón» es un gran impulso para llegar al éxito.

Como dijo Victor Hugo: «El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad».

¿Tienes valor?

Nosotros sí.

Jorge Jiménez Suárez

1 Comentario

Deja un comentario