18 Jun, 2015

Integridad, profesionalidad, juego limpio.

– «Me convertí en una virtuosa del engaño»- dijo la marquesa de Merteuil.

– «No buscaba el placer, sino el conocimiento» – prosiguió.

– «Consulté a los más estrictos moralistas para dominar las apariencias, a filósofos para saber qué pensar y a novelistas para saber hasta dónde podía llegar» – continuó.

Y ante la mirada expectante del vizconde de Valmont, sentenció:

– «Y al final, lo destilé todo en un principio asombrosamente simple: vencer o morir» –

Había aceptado el trato. Si era capaz de hacer perder su inocencia a Cecile de Volanges, se vengaría de su enemigo. Y si, además, conseguía enamorar a Madame de Tourvel, ella, la marquesa de Mertenuil sería suya toda una noche. Pero para demostrarlo, debería conseguir una prueba por escrito.

La empresa era difícil, pero Valmont era un «reputado libertino» de la época. Cecile era joven y estaba enamorada del caballero Danceny. Por su parte, Madame de Tourvel estaba casada y era una firme defensora de la moral católica. El destino, «trucado», les hará coincidir a los tres en una casa de campo.

¿Lo conseguiría Valmont? ¿Valdría la pena?

integridad profesional

¿Qué necesidad tenía el vizconde de Valmont de involucrarse en esta aventura?

¿Compensarían los esfuerzos realizados para conquistar a una dama para tener a otra o a otras?

¿Se daba cuenta del daño que causaba por satisfacer una «necesidad»?

Sin saberlo, se equivocaba en su acción aunque la ejecutara a la perfección. Estaba ayudando y colaborando a conseguir los objetivos de otra persona que no le iba a compensar en el futuro. Para la marquesa era cuestión de vencer o morir, para él, sólo placer.

¿Cuántas veces nos hemos visto inmersos en este tipo de situaciones?

Tanto en la vida real como en la profesional estamos rodeados por personas que controlan situaciones y dirigen acciones a su antojo pensando que es lo mejor para todos. Y aunque no lo crean, suelen ser mejores sólo para sus intereses y no para todos los que están inmersos en la aventura. Lo peor de todo es que no pararán hasta lograrlo. No les importará pedir, exigir, mandar sin dar una contrapartida. Necesitan siempre ganar.

Para triunfar siempre debe haber alguien que trabaje para ello.

Una estrella en un equipo de fútbol no puede jugar solo. Por muy bueno que sea, sin equipo, no hace nada. Debe liderar el proyecto contando con su equipo. Es más, debe valorar siempre el esfuerzo, las ideas y las propuestas de las personas que le acompañan y que cubren muchas facetas muy necesarias para la obtención de resultados.

Muchas ocaciones nos puede suceder esto en la vida familiar con en el reparto de obligaciones. Quizá el peso de muchas funciones no están debidamente valoradas por una de las partes. También nos puede suceder en relaciones profesionales, sobre todo a la hora de comenzar nuevos proyectos. La mayoría de las veces, la mezcla de la amistad con el trabajo suele ser perjudicial para la creación de un objetivo común.

En ambos casos, siempre hay una parte fuerte o firme y una parte débil o flexible. Y como suele ocurrir, la parte fuerte se impondrá a su capricho a la parte débil, que intentará hacer lo posible, aunque no esté de acuerdo, en sacar el proyecto adelante, por el bien común. Pero está perdido.

Otros intereses u otras ideas que ya no son los originales o las que unieron ese equipo al principio, acabarán dando al traste con un proyecto que podía haber sido muy bueno. A veces la peligrosa ambición desmedida conduce a las mejores relaciones personales y profesionales al fracaso. Lo que también, lamentablemente, conducirá a caer en el descrédito a todos aquellos que formaban parte de ese proyecto.

Aunque nos cueste y seamos personas o profesionales desprendidos y en cierta manera generosos, debemos dejar todo desde el principio muy bien atado para no llevarnos sorpresas. Dejando todo acordado, cumpliendo con nuestra palabra dada y llevando a cabo nuestras oblicaciones hasta el final.

Con integridad, con profesionalidad.

Para que más adelante, nadie pueda llegar a preguntarse: ¿Pero a qué jugamos? Y nos quedemos con la sensación de haber estado perdiendo el tiempo sin necesidad.

integridad

Finalmente, Madame de Tourvel se enamora de Valmont, y él siente algo especial por ella, lo que despertará los celos de la marquesa de Merteuil. Y hará lo posible por que deje a Madame de Tourvel. Otro cambio, un nuevo capricho, un nuevo interés, un nuevo enredo. Pero será el despecho de Danceny el que acabe con él por su afrenta con Cecile. Llevando así al fin de todo aquello. Eso sí, no como le hubiera gustado, pero sí, la marquesa, volvió a vencer.

En nuestro camino personal y profesional nos encontraremos con todo tipo de personas y compañeros de viaje. Unos buenos y otros malos. Procuremos alejarnos de aquellas personas, clientes o «profesionales» que nos quieran imponer su criterio y cambiar las reglas del juego a mitad de la partida para aprovecharse de nuestro esfuerzo.

Manteniéndonos íntegros, demostraremos nuestra profesionalidad.

Como dice George Lakoff: «Seamos auténticos y mantengámonos fíeles a lo que creemos. Adoptar una posición en la que no se cree no sólo refleja una falta de integridad, sino que es una estrategia política equivocada e ineficaz».

¿Buscas profesionales?

¡Que no te engañen!

Jorge Jiménez Suárez

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