20 Dic, 2012

La recomendación, ¿origen de la web 2.0?

– ¿Está agotado? ¿Y ahora qué hago?

– Si me permite caballero, acérquese a la tienda que hay a dos manzanas de aquí con un cartel azul y lo verá usted en el centro del escaparate.

Sí, aún recuerdo la escena de aquella película clásica en la que a aquel dependiente de los grandes almacenes de New York le solicitaban un producto agotado y éste, sin pestañear, recomendaba que fuera a la tienda de la competencia donde sabía a «ciencia cierta» que allí lo encontraría su cliente. Por supuesto, el cliente, después de sorprenderse, se marchaba satisfecho de la tienda por la atención recibida, aunque no comprara nada allí.

En una reacción «lógica», sus superiores deciden despedir al dependiente. Parece ser, que no es la primera vez que ha ocurrido este hecho y el ejemplo ha cundido entre algunos compañeros. Para su sorpresa, pasado un tiempo, esta nueva manera de atender al cliente les está atrayendo a muchos nuevos clientes enviados de otras tiendas con la misma táctica de atención al cliente aplicada por el dependiente despedido.

Finalmente, el dependiente fue readmitido y se impuso su estilo de trabajo.

Quizá, éste, fue uno de los lejanos precedentes de la web 2.0 y de la explosión de las redes sociales, espacios donde todos comparten, todos recomiendan, todos colaboran en busca de la calidad, en busca de lo mejor, de la excelencia. No importa que un cliente no te compre a ti, lo importante es que le has ayudado, le has informado convenientemente a cerca de un producto o de un determinado servicio y te recordará siempre que busque a alguien que le aconseje. Confiará en ti, volverá, será fiel. En las redes sociales, serán nuestros seguidores, followers o fans.

Las redes sociales y la web 2.0 son espacios virtuales donde conviven personas que se interrelacionan con otras para compartir, conocimientos, experiencias, opiniones. Las empresas deben aprender rápidamente a integrarse en esta nueva forma de comunicación. No sólo se deben utilizar para vender, si no para «escuchar» a sus clientes, a sus seguidores, a sus fans, para saber atenderlos mejor y saber hacerles una buena recomendación.

Pero no debemos quedarnos sólo ahí, el dependiente, logró, no sólo que viniera público de la tienda que recomendaba sino también de otras muchas. Provocó una moda, un efecto contagio, un efecto viral. Quizá a corto plazo no veamos los resultados de esta nueva estrategia de comunicación, aunque es seguro, que a medio o largo plazo sus efectos superarán nuestras expectativas.

Lástima no recordar el título del film, ¿alguien me la puede recomendar?

Jorge Jiménez Suárez

 

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