6 Feb, 2014

Mantén el control, pensemos en el futuro.

-“¡Oh! Lo siento.” – Susurró Harry.

-“¡Has conseguido que me avergüence de mi vida!”- Dijo Karen.

Discutían en aquel escenario poblado de gente sin que se enteraran los niños.

Karen, había descubierto el pastel, y lo sabía todo: Harry  tenía una aventura con una secretaria de la oficina.

Karen era una mujer sacrificada, luchadora, abnegada, cargada de paciencia. Dedicada al cuidado y educación de sus hijos, al día a día doméstico, al trabajo mas desagradecido y menos reconocido. Había sacrificado su vida y su proyección profesional por su familia y apoyar la carrera de su marido, pero…no todo era como pensaba.

Pero…tenia un don: era fuerte.

Era capaz de aguantar, de soportar, de sobrellevar uno de los golpes más duros de la vida como es perder la confianza en su pareja, el padre de sus hijos, seguir conviviendo con ello, no demostrar el dolor y seguir sonriendo.

¿Cuál era su fuerza?¿Cuál era su motor?

La felicidad de sus hijos.

Sólo pensaba en ellos, sólo pensaba en el futuro.

love-actually-2003-23-g

(Imagen Love Actually – Universal Pictures)

…el futuro.

Muchas veces hemos citado aquí a Peter Drucker, aquel que dijo: “no hay mejor manera de predecir el futuro que construirlo uno mismo”. Y volvemos a recordar a José Manuel Velasco, que en la pasada edición de #HEMESIC  decía que: “las agencias y los profesionales del marketing debemos estar más cerca de la visión que de la misión”.

Pero la vorágine de trabajo nos come, nos engulle, nos devora. Estamos tan metidos en nuestro día a día que tenemos pocas oportunidades de hacer una pausa, tomar aire y ver lo que hay a nuestro alrededor. Y mucho menos a poder planificar y prever el futuro con tranquilidad.

Metidos en nuestro versátil y laborioso trabajo, donde, hasta el más mínimo detalle cuenta, vivimos una vertiginosa aventura que muy pocos ven y muy pocos valoran. El buen trabajo, las buenas campañas, la buena atención al cliente, son el mejor ejemplo que podemos dar a todos aquellos que comparten nuestra profesión. El fallo o el error en el más mínimo detalle producen la desconfianza del cliente. Y como consecuencia, podemos provocar que se marche y deje de solicitar nuestros servicios.

Un día nos podemos encontrar con la desagradable “sorpresa” de que nada es lo que parece y el cliente al que tanto cuidábamos se marcha y busca otros equipos profesionales. No nos hemos dado cuenta y delante de nuestras narices ha estado buscando otras alternativas de servicio. No hemos tomado en cuenta sus necesidades y las ha buscado por otros medios. Quizá fue un error lo que desató la desconfianza, quizá fuese la forma de atenderle, quizá buscaba otros puntos de vista y no fuimos capaces de dárselos. Es posible que el cliente no supiera ver o no supiera valorar nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestra dedicación. Aunque es más probable que no supiéramos comunicarnos.

Pero a pesar de todo, en la mayoría de los casos nos tiene cariño y de alguna manera quiere tenernos cerca. No perder el contacto. El tiempo ha creado una estrecha relación al que se le han añadido “nuevos alicientes”. Pero ese no es el camino. Es mejor eliminar cargas y buscar nuevos horizontes, nuevos retos, nuevas aventuras. Salir fuera, tomar el control de nuestras acciones y crear nuevas relaciones de confianza con otros que valoren nuestro trabajo.

Y sobre todo: aprendamos de los errores para no volver a cometerlos.

fotolia_11720107

(Imagen derechos Fotolia)

Harry le preguntó a Karen:

– “¿Te vas a marchar?” –

Karen le contestó con una pregunta:

– “¿Te quedarías sabiendo que la vida siempre será un poco peor?”

Se suele decir que casi todo lo que se hace mal, se puede hacer peor con poco esfuerzo, tratemos de evitarlo.

Como decía mi padre, “lo verdaderamente difícil, es hacer bien las cosas“.

Hagamos que las cosas sean mejores. Pensemos en el futuro.

¿Lo hacemos juntos?

Jorge Jiménez Suárez

 

 

 

4 Comentarios

Deja un comentario