5 Nov, 2013

Practica la autocrítica, evalúa tu imagen.

No creo que para nadie sea divertido estar tumbado en una camilla de la sala de endoscopia de un hospital con el culo al aire un lunes a las diez de la mañana.

No creo que para nadie sea divertido tener un tubo metido en el recto y verlo en directo por una pantalla, mientras todo se te mueve en el interior y tratas de sonreir para que no se note.

No creo que para nadie sea divertido que, además del médico, su ayudante y la ATS, te observen como objeto de análisis un par estudiantes de medicina en prácticas.

Y no fue divertido, sólo fue una incómoda experiencia más.

¿Cuántas veces nos sometemos a un profundo análisis en cualquier faceta de nuestra vida o profesión? ¿Qué idea tenemos de nuestra empresa o negocio? ¿Qué creemos que piensan nuestros clientes o proveedores de nosotros? Y nuestros empleados o compañeros, ¿qué queremos que piensen?

Y lo realmente importante: ¿qué es lo que verdaderamente piensan?

El ego es uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos a diario. Tenemos la mala costumbre de mirar a todo lo demás sin vernos a nosotros mismos. Pensamos que lo que hacemos, lo que decimos, lo que proponemos, es lo mejor y solemos imponer nuestro criterio al de nuestros clientes, compañeros de trabajo o amigos.

Tristemente, sólo comprobamos nuestros errores cuando las cosas fallan y no salen como queríamos. Está claro, no hemos escuchado lo suficiente a nuestros clientes y a las personas que nos acompañan a diario. No hemos sabido sintonizar ni empatizar lo suficiente. No hemos sabido priorizar lo principal de lo secundario. No hemos dado una rápida respuesta a las verdaderas necesidades de nuestros clientes. No hemos sido eficientes. Y lo peor de todo es comprobar que todos nuestros esfuerzos por tener la oportunidad de trabajar para determinado proyecto o cliente se han ido al traste, algo ha salido mal y es muy seguro que no vuelvan a repetir.

¿Cuál podría ser la solución?

Hay muchas, pero lo mejor es reconocer el error, pedir disculpas y dar automáticamente una alternativa para poder terminar el trabajo correctamente y sentar los cimientos para una estable colaboración futura. Todo ello basado en la confianza, es decir, ser sincero, proyectar tu empresa y tu trabajo con objetividad y conseguir ser vistos por el cliente y los futuros clientes como una empresa fidedigna, como una empresa solvente, como una empresa de garantía.

¿Qué recomendamos?

Escuchar más a nuestros clientes y a nuestro entorno allí donde se hable de todo lo que nos interesa y le interesa a nuestros compañeros de viaje. Realizar continuas preguntas y sobre todo practicar la autocrítica. En redes sociales e internet será necesario contar con una buena herramienta de analítica que nos cuantifique todo aquello que nos interesa medir. Y por supuesto, ser constante.

Para predicar con el ejemplo y como había cogido carrerilla, la semana pasada tuve la oportunidad de someter a análisis este blog por personas de gran valía en un grupo de Facebook. Sólo con el primero de ellos se me vino todo abajo. Con un simple comentario: «me aburro», me dejó planchado. No entendí que fuera por lo que aquí se escribe sino por el aspecto visual del blog y la imagen que da la agencia a las demás personas.

Conclusión, nuestra imagen es excesivamente seria.

Por lo que prometemos ir mejorándolo en su aspecto general, para hacerlo más atractivo, más visual y más cercano.

De mi experiencia médica de aquel día, finalmente, el médico se quitó los guantes, retiró la pantalla y mirándome me dijo:

-«Muy bien Jorge, ya hemos acabado, ¿tienes alguna pregunta?»-

Y le dije:

-«Como diría Mel Brooks en «La loca historia de las galaxias«: ¿Por qué nadie me ha dicho que tengo el culo tan feo?»-

Pero no conseguí producir el efecto deseado, debía ser demasiado temprano para arrancar una sonrisa a los presentes un lunes a primera hora de la mañana, aunque creo que sólo yo asocié la película a la situación vivida. Al menos, me lo tomé con deportividad y al salir de la sala, una de las estudiantes me sonrió arrugando su nariz, moviendo los dedos de la mano y vocalizando un «adiós» sin que se llegara a escuchar…

¡Vaya! Al final, no tenía el culo tan feo como pensaba… o, ¿era por el chiste?

¿Lo mejoramos?

¡Claro que sí!

Jorge Jiménez Suárez

4 Comentarios

  • Autocrítica y rectificación de los errores … si se aplicaran con más frecuencias en los trabajos estas dos acciones, MEJOR nos iría a todos.

    El gran ERROR, el MAYOR DE LOS ERRORES, es tomar una decisión equivocada y mantenerla hasta las últimas consecuencias, a sabiendas de que nos hemos equivocado … con lo que acaabremos metíendonos en un charco de dimensiones espectaculares, del que muchas veces es difícil salir.

    Esto me trae a la memoria un hecho que me sucedió en el último proyectos que he dirigido … una vez entregado el mismo, detectamos un error, y uno de mis colaboradores me dijo: «… si no se ha dado cuenta, no le digas nada al cliente …»
    Aquello me revolvió las tripas, no se si es por mi exigencia personal, o por mi ética profesional … pero se lo dije al cliente y lo rectificamos al final, reeditando de nuevo los documentos afectados por ese error.

    Todos nos equivocamos, nadie nace sabiendo, todos aprendemos por el camino … pero RECTIFICAR es de SABIOS … esto es algo que tengo muy claro.
    La aPtitud es importante … pero para mi lo es más la aCtitud con la que se afrontan las cosas.

    Saludos Sr. Jiménez Suárez … a mi no me aburre este blog (no opiné en el facebook, pero lo hago aquí).

    • Muchísimas gracias Fernando. Es tremendo ver hasta dónde se puede llegar por no asumir el error y no comunicarlo al cliente. Como se suele decir, «es mejor una vez colorado que ciento amarillo…». Un fuerte abrazo.

  • Muy buena reflexión!

    • Muchas gracias ROcio. Es muy importante ser sincero y generar confianza en los demás. Al igual de importante es saber reconocer los errores y dar una rápida respuesta para que las personas afectadas vean que les aportas soluciones. Con ello se abrirán todas las puertas. Un afectuoso saludo.

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