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Jun 23, 2016

Buenas personas, mejor equipo, trabajo óptimo.

Y cuando parecía que era Willian el merecedor de aquel delicioso trozo de brownie…

-«¡Eh! ¡Esperad! ¿Y yo qué? – Protestó Anna.

-«Perdona. ¿Crees que te mereces el brownie?» – Dijo Max.

-«Por lo menos lo intentaré.»- Contestó ella.

-«Pues tendrás que demostrarlo, este brownie está muy, muy bueno. Y pienso luchar por él.»

Allí estaba Ana, como una más, disfrutando de una agradable velada. Compartiendo hasta el último trozo de brownie. Había sido su primera cita con William y le había tocado contar sus «tristezas» para que su «historia» fuera reconocida y merecedora de tan preciado premio.

William era el dueño de una tienda de libros y guías turísticas en el barrio de Notting Hill de Londres. En apariencia, llevando una vida cómoda, tranquila y sencilla. Un día, entró a su tienda Anna Scott, una conocida actriz de Hollywood. A pesar de no reconocerla, se enamoró de ella. Pero poder acceder a ella se convirtió en una dura tarea para William. Era muy difícil competir con todo lo que tiene a su alcance una persona como ella: éxito, dinero, reputación.

Curiosamente, Anna, se siente atraída por William y por todo lo que le rodea. Disfruta visitando el piso que comparte con el divertido Spike, o con Honey, la hermana de William o sus amigos: Bella, Max o Bernie.  La paz, la tranquilidad, la serenidad, el anonimato, son cosas que no tiene habitualmente, y la atraen.

A pesar de ser dos personas que provenían de mundos tan opuestos, tan diferentes, se buscaban, se necesitaban, se atraían.

¿Pero, serían capaces de estar juntos?

buenas personas

(Imagen de Notting Hill – Universal Pictures)

William, con las únicas armas que podía contar, eran su manera de ser, su personalidad, su equilibrio y su sinceridad. Anna lo tenía todo, pero no tenía nada. No tenía vida, no tenía una pareja estable. Y no podía disfrutar de ello sin que saliera constantemente en los medios de comunicación.

Ambos necesitaban tiempo para adaptarse a los cambios.

Realmente, es difícil encontrar un punto de equilibrio para una situación como esta. Más de una vez nos hemos enfrentado a retos profesionales en los que nos ha costado mucho tiempo poder acercar posturas y lograr un entendimiento con nuestros clientes.

Quizá los proyectos actuales, las campañas digitales, se han convertido en un mundo complejo. La distancia entre las posturas enfrentadas hacen que se necesite un gran esfuerzo para llegar a un término medio. Hemos coincidido, hemos hablado, hemos aportado nuestra opinión al respecto, pero la situación, aunque hay muchas ganas de entenderse, cuesta que fructifique.

Con el tiempo, después de varios encuentros, vamos creando un camino, un ruta, una vía de entendimiento. Nos vamos conociendo. Y al igual que en las relaciones personales, vamos introduciéndonos en el papel del otro, se produce esa empatía necesaria para poder trabajar en común. Vamos conociendo todo lo que hay dentro de su organización, de su corporación. Y lo más importante, vamos conociendo a las personas que la conforman, vamos conociendo a las personas que forman su equipo.

Nos encontraremos con personas muy válidas y otras muchas que no valen, pero que, curiosamente, son muy necesarias en las empresas. Aún así, habrá que congeniar con todos y hacer equipo. Pero teniendo claro cuales serán tus objetivos y cuales serán tus personas de confianza.

Por otro lado, tampoco debemos dejarnos llevar por la imagen que nos tomamos de una persona antes de conocerla. Como en el ejemplo de hoy, nuestra protagonista no es tan feliz ni está tan satisfecha con su vida como aparenta. Tampoco la vida de nuestro protagonista masculino es tan fácil como parece.

Al fin y al cabo, habrá que hacer todo lo posible para llegar a acuerdos y hacer lo mejor para el equipo. Mi madre siempre decía aquello:

«Si quieres ser bueno en algo, rodéate de las mejores personas».

buen trabajo

Anna, finalmente, era una chica que necesitaba que la quisieran, y que la quisiera William. Ambos, habían hecho todo lo posible por estar juntos. A pesar de sus grandes diferencias, se habían puesto uno a disposición del otro. Llegaron a un acuerdo, lo habían conseguido, estarían juntos. Pero no debemos olvidar a sus excelentes compañeros de reparto, compañeros de trabajo, a sus amigos, esos personas que trabajan y te apoyan en la sombra y que hacen que el resultado final sea el correcto, sea el mejor, sea el óptimo.

Para nosotros es importante mostrar siempre interés por las necesidades de nuestros clientes. Nos gusta hacer cosas interesantes. Aunque en la mayor parte de los casos debamos llegar a acuerdos con ellos. Forma parte de nuestro trabajo. Muchas veces serán los clientes los que sean más osados y otras veces lo seremos nosotros a la hora de planificar una acción. En caso de divergencia, es necesario recordarles que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

Nos interesa a todos. De eso vivimos.

Y por supuesto, lo importante es hacerles saber que formamos un equipo de personas, de profesionales, dispuestos a dar lo mejor para que los resultados sean los mejores, los más idóneos, los necesarios.

Como dijo Chesterton:»No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse.»

¿Buscas un equipo de trabajo?

¡Aquí hay personas!

Jorge Jiménez Suárez

Oct 31, 2014

Escucha activa, segunda oportunidad.

Le acababa de confesar «su secreto«.

– «No se ven los unos a los otros, sólo ven lo que ellos quieren ver.»- le confesó.

Aún así, Malcom, no lo llegaba a entender. Seguía reticente a creer las palabras del pequeño Cole.

Aún tenía muy reciente su fracaso con Vincent, el paciente al que no pudo ayudar cuando era niño. No quería volver a equivocarse con su nuevo paciente, no quería perderle, no quería defraudarle, no quería fallarle. Tenía muchas dudas, desconfiaba de si mismo, de su habilidad.

Además, su situación personal no le ayudaba mucho. El alejamiento de Anna, su mujer, debido a su dedicación al trabajo, no le dejaba evaluar la situación con claridad. Para ella, todas las demás cosas en la vida de Malcom, estaban en un segundo plano.

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Cole tenía una curiosa manera de detectar a aquellas personas atormentadas que se presentaban ante él. Sentía frío cuando estaban enfadados o se le erizaban los pelos de la nuca cuando notaba su presencia.

En nuestra profesión, debemos prestar mucha atención a todos aquellos clientes que nos buscan para que les ayudemos. Muchas veces no les atendemos convenientemente, hacemos como que les escuchamos para rápidamente sacar a relucir nuestra experiencia y catalogar a nuestro cliente dentro de una determinada categoría, para actuar en base a esa etiqueta que le hemos creado.

Error.

Debemos exprimir mas el tiempo. Tenemos que atender, escuchar y comprender a nuestros interlocutores.

¿Para qué? Para saber identificar el problema y darle la solución más acertada.

O para poder detectar la necesidad y saber satisfacerla.

Para ello debemos aprender a utilizar la escucha activa. Es decir, no sólo nos bastará con oír lo que nos dicen, sino sintonizar los sentimientos, las sensaciones o los pensamientos que afloran en las personas que vienen a nosotros. Por supuesto, también es necesario tener empatía para poder estar de acuerdo con ellos.

Observar los gestos e interpretar los silencios, las miradas o el tono, será de especial relevancia a la hora de realizar un esquema, un resumen, una síntesis, que nos ayudará a evaluar la situación con claridad y exponer una correcta argumentación cuando nos la pidan.

Actualmente, entre otros canales de comunicación, tenemos las redes sociales en internet (la gran conversación) para poder escuchar a nuestros clientes o a nuestro público objetivo. Saber posicionarnos en la mente de los usuarios como una referencia de confianza podrá abrirnos muchos caminos hasta ahora desconocidos.

En este entorno tienen mucho que decir los especialistas de la comunicación y la escucha activa: los community manager. El community manager es aún una figura poco valorada y poco reconocida por las empresas. Aunque, también es cierto que no todas las personas están preparadas o son las idóneas para realizar esta difícil tarea, cada día su función será mas necesaria no sólo para atender al cliente, sino para abrir nuevas vías de entendimiento, obtener beneficio de la relación para todas las partes y buscar nuevos escenarios y nuevas oportunidades para las marcas.

Como decía Jeremiah Owyang : «Un buen community manager debe tener unas grandes orejas y ojos, y una boca pequeña.»

La escucha activa, te permitirá responder con solvencia, informar con conocimiento y conectar con el público adecuado.

Escucha activa

Malcom, finalmente, pudo ayudar a Cole. Supo superar sus dudas para poder explicarle cómo debía afrontar su miedo. Estuvo en todo momento junto a él. Ganándose su confianza intentando entenderle, intentando conocerle. Había aprendido, en experiencias anteriores, que ese era el camino correcto. Para poder ayudarle tenía que escucharle y evaluar su situación. Malcom tuvo una segunda oportunidad y la aprovechó.

Nuestro clientes ya no quieren tener miedo, necesitan nuestra ayuda. Necesitan que alguien entienda su situación, empatice con ellos y les dé soluciones reales. Necesitan caminos nuevos para afrontar retos nuevos. Necesitan sentirse protegidos, amparados, acompañados.

Necesitan sentirse bien atendidos, necesitan que les escuchemos.

¿Hablamos?

Pierde el miedo.

Jorge Jiménez Suárez

Jul 10, 2014

Motivación, equipo de leyenda.

Falto de motivación, pensaba que había fracasado en todas las facetas de su vida.

Se equivocaba.

Había aceptado aquel trabajo de vigilante en «El fondo de estanque«, el internado de chicos difíciles. Un lugar donde los chavales son castigados continuamente y sin piedad, por el director del centro.

Él no está de acuerdo con estos métodos y en poco tiempo, con paciencia y amabilidad, logrará hacerse con los chicos.

Clément Mathieu, aprovechando su condición de músico y compositor, empleará su tiempo en enseñarles a cantar, formando un coro. Sorprendiéndose de como con este pequeño empujón, la complicidad con los chicos es mayor. Obteniendo, así,  una gran mejoría en su comportamiento. Fiel a su estilo, se había ganado su respeto y su consideración.

Gracias a ello, les concedió la oportunidad de destacar en una faceta de su vida hasta entonces desconocida para ellos.

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Mathieu, a pesar de que ha fracasado continuamente, no se rinde. A pesar de las dificultades, sigue buscando la manera de mejorar las cosas, de hacer que todo funcione, de prosperar.

Lo consiguió.

Y a pesar de sus limitaciones, ¿qué tenia él que no tuvieran otros?

Empuje, espíritu, motivación.

En nuestra vida o en nuestro entorno profesional, conocemos personas con un carisma especial, unas personas que con su ejemplo y pequeños gestos consiguen motivar a un grupo de personas o a un equipo profesional. Son personas que saben identificar valores y virtudes de las personas que los rodean para hacer que los demás se sientan identificados y actúen dando lo mejor de sí mismos. Gracias a ello, logran sacar adelante proyectos o empresas complicadas.

Además, hacen, que a ojos de los demás, las cosas parezcan más fáciles de lo que son. No es así. El éxito se logra con esfuerzo, con perseverancia y con disciplina, de menos a más.

Si tenemos personas a nuestro cargo, familia o un equipo junto a nosotros es necesario recordar que:

Dar esperanza, es dar alas a las personas.

Por lo que, practicando con habilidad estás virtudes, al alcance de cualquiera, podremos lanzar a «nuestra gente» a realizar todo aquello que nos propongamos por complicado que parezca.

Transmitámosles ilusión y volarán. Simplemente hay que tener un poco de:

Constancia, empatía y sentido común.

Los grandes líderes de familias, grupos, empresas o países siempre destacan por tener una conjunción de estas cualidades. Con su estilo, logran reunir en torno a ellos personas involucradas, personas que harán algo grande, que abrirán un nuevo camino, nos ofrecerán un nuevo destino y nos dejarán una huella imborrable.

El lunes pasado moría una de estas personas que con su carácter, con su espíritu, con su estilo, forjó una leyenda en el mundo del fútbol: el Real Madrid. Hablamos, por supuesto de D. Alfredo Di Stefano, el primer futbolista total. Cambió la mentalidad del equipo, cambió su estilo de juego, lo cambió todo. Con su fuerza y su empuje generó un mito que hoy perdura y que gracias a él nunca morirá:

«Hasta el final, vamos Real».

Aunque, como bien decía:

«Todo lo que hacemos con los pies, lo tenemos que hacer, antes, con la cabeza».

Algo que no sólo vale para el fútbol, si no que debemos saber aplicarlo a todas las facetas de nuestra vida y de nuestra profesión.

Motivación y espíritu

Finalmente, Mathieu fue expulsado del centro de menores y los chicos, como despedida cantan y le escriben mensajes en las alas de aviones de papel que tiran por la ventana. Era su homenaje a aquella persona que por primera vez les había dado alas para poder «escapar de allí». Él continuó su vida dando clases de música en silencio durante el resto de su vida. Ellos lograron tener una base para triunfar en el futuro.

Hoy no podíamos dejar de rendir homenaje a una persona tan importante para una de las mayores aficiones del mundo. Todo lo que hizo y todo lo que fue, seguirá dando significado a la existencia de una entidad consagrada y a todos los que conforman su «gran familia».

Hoy homenajeamos a alguien que nos enseñó a no rendirnos, a pelear y a luchar hasta el final. Si la predisposición es buena, la motivación es grande y los objetivos claros, es muy difícil que no se consiga, al menos, algo positivo.

Y como decía: Di Stefano:  – «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos.» –

¿Quieres volar?

¡Hagamos equipo!

Jorge Jiménez Suárez

Dic 24, 2013

Empatiza con tus clientes, hazles tilín.

– ¿Quién es George Bailey? – pregunto Clarence.

– Un hombre que abandona sus sueños para poder ayudar a otros. – respondió San José.

«Ahora mismo, está tan desesperado que está a punto de cometer una locura. Ha decidido suicidarse pensando que vale más muerto que vivo. Cree que su seguro de vida es la única solución a todos sus problemas.»

– Deberás ir a la tierra y ayudarle si quieres ganarte tus alas – le ordenó San José.

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George, cuando ya tenia decidido arrojarse por un puente, se da cuenta de que una persona cae delante de él. Ve como se hunde, poco a poco, en las gélidas aguas del río. Olvidando su intención de suicidarse, se lanza al agua y lo salva. Clarence, que así se llama el rescatado, se presenta como su ángel de la guarda. George piensa, que, al ser una persona mayor, está algo senil y no le toma en serio. Mientras charlan y se secan las ropas mojadas, entablan una larga conversación en la que George le confiesa que desearía no haber nacido.

Clarence, su ángel de la guarda, después de meditarlo, se lo concede.

George, cuando regresa al pueblo, prácticamente no reconoce nada, todo ha cambiado.

Ya nada era como él lo conocía.

Entonces, ¿qué había pasado?

Su ángel de la guarda había atendido su petición. Le mostró lo que habría sucedido si no hubiera existido. A George le parecía una locura ver, que, todo por lo que había luchado, había desaparecido, todos los que le habían querido no le reconocían y todo lo que había creado o ayudado a crear, simplemente, nunca había existido.

¿Qué necesitó Clarence para ayudar a George?

Escuchar, entender y dedicarle tiempo. Conocerle bien.

¿Para qué necesitaba conocerlo bien?

Para saber lo que realmente sentía, para saber lo que necesitaba, para ponerse en su lugar, para empatizar con él.

¿Cuál era su objetivo?

Que todo cuenta, para mostrarle el camino, para hacerle ver que siempre hay opciones, que hay solución, que hay esperanza.

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Es posible que conozcamos personas o clientes que, hoy, puedan estar pasando por una situación incierta. Ya sea por una situación excepcional de su vida, como por las malas perspectivas de su negocio o porque no haya sabido adaptarse a los rápidos y continuos cambios que se van produciendo a diario.

Es posible que no hayamos reparado en que para poder ayudarlos es necesario conocerles bien, su trayectoria, sus logros, sus aciertos, sus errores. Como también es necesario saber qué siente, qué pasa por su mente, cuáles son sus inquietudes, cuáles son sus preocupaciones.

Es muy posible que al sentirse apoyado, al sentirse comprendido, al sentirse respaldado, sabiendo que no está sólo, sabiendo que alguien más le acompaña, logre salir adelante.

Es posible que al recordarle las cosas que ha hecho en el pasado y lo que significan, puedan darse cuenta de que todo lo que ha formado parte de su camino hasta ahora, cuenta, es importante y lo seguirá siendo más adelante. Si lo ha hecho bien en el pasado, ¿por qué no habría de hacerlo bien en el futuro?

Es posible que le recordemos que las ganas, el sacrificio y la pasión empleadas en el pasado, siguen siendo garantía de éxito futuro.

Es posible que si le ayudamos a conocer las nuevas herramientas de trabajo y de comunicación se ilusione de nuevo.

Es posible que vea otra realidad y que nunca tire la toalla.

¡Hagamos que esto ocurra!

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Al final, George se da cuenta de que estaba equivocado, no había apreciado todo lo que había hecho por sus semejantes y por su ciudad. Descubrió que en realidad  era el «hombre más rico de la ciudad«. La vida le devolvía su generosidad.

Del árbol de navidad suena el tintineo de unas campanillas. Anuncian que Clarence ha ganado sus alas.

George, sonríe, guiña un ojo y da las gracias a Clarence.

Para nosotros, la empatía es el camino más corto al entendimiento, a la comprensión y al conocimiento.

El conocimiento es el camino de lo auténtico, de lo genuino, de la generosidad.

La generosidad es el sacrificio y la pasión por lograr hacer el trabajo bien hecho.

El trabajo bien hecho es el camino de la satisfacción, de la felicidad, del éxito.

Por eso queremos ser tu ángel de la guarda. ¿Nos ayudas a conseguir nuestras alas?

¡Tilín, Tilín!

¡Feliz Navidad!

Jorge Jiménez Suárez

 

Nov 5, 2013

Practica la autocrítica, evalúa tu imagen.

No creo que para nadie sea divertido estar tumbado en una camilla de la sala de endoscopia de un hospital con el culo al aire un lunes a las diez de la mañana.

No creo que para nadie sea divertido tener un tubo metido en el recto y verlo en directo por una pantalla, mientras todo se te mueve en el interior y tratas de sonreir para que no se note.

No creo que para nadie sea divertido que, además del médico, su ayudante y la ATS, te observen como objeto de análisis un par estudiantes de medicina en prácticas.

Y no fue divertido, sólo fue una incómoda experiencia más.

¿Cuántas veces nos sometemos a un profundo análisis en cualquier faceta de nuestra vida o profesión? ¿Qué idea tenemos de nuestra empresa o negocio? ¿Qué creemos que piensan nuestros clientes o proveedores de nosotros? Y nuestros empleados o compañeros, ¿qué queremos que piensen?

Y lo realmente importante: ¿qué es lo que verdaderamente piensan?

El ego es uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos a diario. Tenemos la mala costumbre de mirar a todo lo demás sin vernos a nosotros mismos. Pensamos que lo que hacemos, lo que decimos, lo que proponemos, es lo mejor y solemos imponer nuestro criterio al de nuestros clientes, compañeros de trabajo o amigos.

Tristemente, sólo comprobamos nuestros errores cuando las cosas fallan y no salen como queríamos. Está claro, no hemos escuchado lo suficiente a nuestros clientes y a las personas que nos acompañan a diario. No hemos sabido sintonizar ni empatizar lo suficiente. No hemos sabido priorizar lo principal de lo secundario. No hemos dado una rápida respuesta a las verdaderas necesidades de nuestros clientes. No hemos sido eficientes. Y lo peor de todo es comprobar que todos nuestros esfuerzos por tener la oportunidad de trabajar para determinado proyecto o cliente se han ido al traste, algo ha salido mal y es muy seguro que no vuelvan a repetir.

¿Cuál podría ser la solución?

Hay muchas, pero lo mejor es reconocer el error, pedir disculpas y dar automáticamente una alternativa para poder terminar el trabajo correctamente y sentar los cimientos para una estable colaboración futura. Todo ello basado en la confianza, es decir, ser sincero, proyectar tu empresa y tu trabajo con objetividad y conseguir ser vistos por el cliente y los futuros clientes como una empresa fidedigna, como una empresa solvente, como una empresa de garantía.

¿Qué recomendamos?

Escuchar más a nuestros clientes y a nuestro entorno allí donde se hable de todo lo que nos interesa y le interesa a nuestros compañeros de viaje. Realizar continuas preguntas y sobre todo practicar la autocrítica. En redes sociales e internet será necesario contar con una buena herramienta de analítica que nos cuantifique todo aquello que nos interesa medir. Y por supuesto, ser constante.

Para predicar con el ejemplo y como había cogido carrerilla, la semana pasada tuve la oportunidad de someter a análisis este blog por personas de gran valía en un grupo de Facebook. Sólo con el primero de ellos se me vino todo abajo. Con un simple comentario: «me aburro», me dejó planchado. No entendí que fuera por lo que aquí se escribe sino por el aspecto visual del blog y la imagen que da la agencia a las demás personas.

Conclusión, nuestra imagen es excesivamente seria.

Por lo que prometemos ir mejorándolo en su aspecto general, para hacerlo más atractivo, más visual y más cercano.

De mi experiencia médica de aquel día, finalmente, el médico se quitó los guantes, retiró la pantalla y mirándome me dijo:

-«Muy bien Jorge, ya hemos acabado, ¿tienes alguna pregunta?»-

Y le dije:

-«Como diría Mel Brooks en «La loca historia de las galaxias«: ¿Por qué nadie me ha dicho que tengo el culo tan feo?»-

Pero no conseguí producir el efecto deseado, debía ser demasiado temprano para arrancar una sonrisa a los presentes un lunes a primera hora de la mañana, aunque creo que sólo yo asocié la película a la situación vivida. Al menos, me lo tomé con deportividad y al salir de la sala, una de las estudiantes me sonrió arrugando su nariz, moviendo los dedos de la mano y vocalizando un «adiós» sin que se llegara a escuchar…

¡Vaya! Al final, no tenía el culo tan feo como pensaba… o, ¿era por el chiste?

¿Lo mejoramos?

¡Claro que sí!

Jorge Jiménez Suárez

Abr 13, 2013

Ponte en tu lugar, empatiza y marca estilo.

Se abría la puerta y desde allí saludaba al entrar:

-«¡Hola a todos!»-

Y la acogida habitual:

-«¡Nooooorm!»-

Y en pocos segundos recorría rápidamente el local hasta llegar a su sitio, al fondo, en la esquina de la barra. Allí le esperaba su silla, su espacio y una jarra de cerveza sobre una blanca servilleta. Como cada día, fiel a su cita, acudía a su bar favorito a disfrutar de un rato de ocio, compartiendo su tiempo y participando en las conversaciones que allí se producían. Estaba en su sitio, en Cheers, «where everybody knows your name…»

Norm Peterson, fue quizá el personaje de aquella teleserie norteamericana al que más cariño tuve y el que más gracia me hacía. No era, aparentemente una persona llamativa, pero los que le conocían siempre tenían más de una pregunta preparada para él. Les interesaba saber su punto de vista sobre algún tema en particular o de rabiosa actualidad. Él, con su estilo y su forma de ser, era capaz de responder y no dejar a nadie indiferente. Conseguía satisfacer la curiosidad de sus interlocutores y es más, lograba arrancarnos una sonrisa la mayoría de las veces.

En la vida, todas las personas tenemos nuestro espacio, nuestro sitio, nuestro lugar. Todos tenemos una manera de ser, todos tenemos una forma de actuar, todos tenemos nuestra denominación de origen, nuestra «marca de la casa». Todo esto lo proyectamos a los demás en todos los diferentes escenarios de nuestra vida. Al pertenecer a una organización, grupo o empresa, dejamos nuestra esencia en todo aquello en lo que participamos. Nos creamos una imagen, un estilo, algo que nos diferencia de los demás, algo que deja «huella».

Las empresas, a la hora de comunicarse con las personas deben tener o crear su propia esencia o, en su defecto, utilizar a esas personas que marcan estilo. Esas personas que se convierten en la referencia de los demás dentro de la organización. A veces, dentro de una organización hay personas que con un sólo comentario o una opinión certera nos ponen en el buen camino. Pueden ser personas con mucho peso sin necesidad de ser jefes o directores, simplemente con sus gestos o sus acertados comentarios son líderes de opinión. Gente muy respetada y querida. Por eso, las empresas deben utilizar a personas que saben manejar, controlar y conducir este tipo de situaciones con agilidad y sencillez. Recordemos que las personas son la imagen de la empresa.

En social media, el papel del comunnity manager es primordial, insisto, un papel poco reconocido para una labor muy exigente y para la que muy pocos están preparados. Sin saberlo muchos lo esperan para interactuar, para conocer, para compartir, y acercarse a una marca de tú a tú. Escucha, mira, monitoriza, analiza, prepara la estrategia, comunica de nuevo y recoge los nuevos resultados. Crea una nueva relación de confianza con los usuarios, los conoce, poco a poco, los seduce, rápidamente, a riesgo de que se puedan marchar y lo más importante, los atrae, los convence y los fideliza.

Logra empatizar con ellos y obtiene para ellos relaciones beneficiosas con otros usuarios a los que pone en contacto. Un tipo de profesional más discreto, pero mucho más efectivo. Desde su posición, es capaz de ponerse en el lugar de los usuarios y servirles de ayuda, de consuelo, de solución a sus problemas, de alternativa.

Hagamos como Norm Peterson, escuchemos, analicemos y empaticemos para que la gente se ponga en marcha,  «…and they´re always glad you came.» A veces, no hace falta estar en la primera línea para hacer una labor importante dentro de una organización. Lo importante es tener nuestro hueco, nuestro espacio.

Ponte en tu lugar y marca estilo.

Jorge Jiménez Suárez