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Ene 18, 2013

Hashtag: «animal de compañía».

«Mi voz igual que un niño, te pide con cariño, ven a mí abrázame, porque te quiero, te quiero, te quiero. Te quiero, te quiero, te quiero. Y hasta el fin, te querré.»

Nino Bravo, sí.

Aquellas rebajas de Enero en El Corte Inglés eran amenizadas cada mañana por la Jefa del Departamento de cristalería con esta canción. La verdad es que era una buena manera de empezar el día con un poco de orden: todos cantando, todos reponiendo, todos colocando, todos etiquetando, todos en armonía. Todos a una.

Si nos fijamos en las diferentes facetas de la vida, todas las personas solemos tener un orden, una línea de actuación, una rutina para realizar nuestras tareas cotidianas. Bajo un mismo objetivo, elaboramos mentalmente una agenda diaria con nuestra ocupaciones, obligaciones y necesidades.  Todas estas actividades van encaminadas, como diría Loren Moreno, a lograr pequeñas metas. Para que todas ellas se cumplan, deben estar sintonizadas, en armonía, bajo un mismo lema, bajo una misma temática, bajo un mismo objetivo. ¿Bajo un hashtag?

Hashtag, ese término que se puso muy de moda en la Primavera Árabe, un hecho que cambió el mundo. En dicha  «revolución», uno de los hashtags mas utilizados sobre los acontecimientos acaecidos en la Plaza de Tahrir, fue sin duda #Egypt. Que era la manera de poder estar todos sintonizados con todo lo que ocurría sobre ese único tema en cada segundo desde cualquier parte del mundo.

El time line de Twitter está lleno de temas o etiquetas, gracias a ellas, los usuarios interactúan unos con otros, saben lo que quieren leer y lo que buscan, lo tienen ordenado, lo tienen clasificado. Incluso el usuario puede crear una serie de listas para poder estar informado de lo que publica una serie de personas o empresas sobre un determinado asunto, para clasificarse unos a otros.

Para una empresa no aprovechar esta herramienta de comunicación es un auténtico despropósito. Twitter nos permite seleccionar a todos nuestros seguidores, a las personas que nos importan, a las empresas que nos interesan, a los medios a los que otorgamos credibilidad. Podemos saber de primera mano, qué hacen, qué dicen, qué les gusta. ¿Podemos desaprovechar esta oportunidad de conocer a nuestros clientes? ¿Podemos perder la oportunidad de sintonizar con todos ellos? ¿Podemos echar a perder tal oportunidad?

Tenemos ante nosotros una poderosa herramienta de investigación de mercado, de segmentación, de comunicación y de atención y servicio al cliente. Para las pymes, twitter, además de otras redes sociales, nos brinda la oportunidad de competir en igualdad de condiciones con las grandes compañías. Y es gratis, ¿qué más se puede pedir?

En definitiva, nos gusta Twitter, nos gustan los twitteros, nos gustan los hashtags.

«Es mío y me lo llevo«.

¡Feliz viernes!

#FollowFriday  #FF

Jorge Jiménez Suárez

 

Ene 11, 2013

De formación hacker, aprendiendo a compartir.

 

– «¡Profe, profe, que nos están copiando!»-

No sabíamos lo que teníamos entre manos, teníamos que acabar la práctica antes de que sonara la campana del final de clase de informatica. Nos habíamos enredado con la idea de que si estábamos en un aula de informática con 14 ordenadores conectados podríamos mandar un mensaje a alguno de nuestros compañeros. Y lo conseguimos. Y nos expulsaron de clase. No por enfadar al profesor por haber conseguido mandar mensajes entre ordenadores, sino por copiar el ejercicio al equipo de al lado y «pasarlo» al alguno de nuestros compañeros. Habíamos logrado, sin saberlo, enviar nuestro primer email y nuestro primer tweet, y, así,  convertirnos en «proscritos» de los compañeros mas listos de la clase. ¿Fuimos hackers?

Al contrario de lo que piensa mucha gente, hoy en días, si algo debemos a los hackers del software libre es que todo lo que hay en internet, funcione. Gracias a ellos surgieron corrientes de opinión que defendían el libre acceso a la inmensa autopista que es internet contra todo aquel que quisiera apropiarse de ella y privatizarla. Conceptos como el «copyleft«, «open source» y el «software libre» no serían posible sin su aportación.

El resultado de su desarrollo es que podemos distribuir información, podemos aportar ideas, es decir, compartir. No es de extrañar que muchas veces nos sorprendamos a nosotros mismos «compartiendo» una noticia, un chiste, una foto de un «amigo» de alguna red social. O, «reenviando» una información o un video de un grupo de personas a las que «sigues«. O, «repineando» un tablero de imágenes de recetas culinarias.

En esta nueva forma de comunicación, se mantiene la primacía de la exclusiva, pero ahora se añaden conceptos importantes como la inmediatez y la reputacíón. Es importante la noticia, pero también lo es quien la comparte y en qué plazo. Para muchos usuarios, otros internautas serán prescriptores, personas con alto grado de reputación on line que hacen o dicen lo que les gusta y crean modas, crean nuevos hábitos, crean costumbres. Personas que hacen que surja una necesidad. No sólo por el hecho de hacerlo, sino por transmitirlo. No hace falta ser el creador de la información, con redistribuir contenido interesante, veraz y de calidad es suficiente.

Este nuevo comportamiento ha traido consigo nuevas plataformas de información como los blogs o los diarios digitales. Muy especializado y muy bien dirigido a un público más definido, más entendido, más formado. Muy apreciado por las agencias para las campañas de marketing de contenidos.

Como dicen muchos nativos digitales, muchas empresas «no comparten», siguen anclados en el pasado (web 1.0), donde monopolizan la información que quieren dar. No acaban de apreciar que el paso a la web 2.0, en un futuro, les reportará mayores satisfaciones y beneficios. Muchos seguidores, fans o admiradores, pueden ser el mejor aliado de una marca, por el simple hecho de compartir su información.

No podemos seguir tapando la pantalla del ordenador para que no sepan «qué hacemos», «cómo lo hacemos» y «por qué lo hacemos». Fomentemos la accesibilidad y la descentralización de la información. Seamos hackers.

¿Lo compartes?

Jorge Jiménez Suárez

 

 

 

Dic 25, 2012

El sabor de lo genuino, el sabor de la Navidad.

Was bruised and battered and I couldn’t tell
What I felt
I was unrecognizable to myself
I saw my reflection in a window I didn’t know
My own face
Oh brother are you gonna leave me
Wastin’ away
On the streets of Philadelphia

 «-¿Estáis listos chicos? En 10 minutos vamos a abrir nuestras puertas, ¿lo tenéis todo preparado?»

Con esta canción y esta frase, comenzábamos nuestra jornada laboral aquella Navidad de 1.994. Así amanecía el departamento de adornos de Navidad de El Corte Inglés en Preciados 1 (Madrid). Algo que cada Navidad recuerdo con cariño y emoción.

Cada año la Navidad es diferente, nuevas incorporaciones familiares, hijos, amigos, nuevas parejas, nuevos conocidos, nuevos compañeros de trabajo. Nuevos gustos, nuevos hábitos, nuevas situaciones. Este año, al menos en nuestro caso, será el año del social media, la Navidad del intercambio de ideas, de contactos, de proyectos y de puntos de vista altamente enriquecedores. Algo que no nos abandonará en bastantes años.

Gracias a las redes sociales, todos los días,  aprendemos multitud de cosas nuevas. Nuevos conceptos, nuevas herramientas, nuevos horizontes. Vivimos un momento idóneo para avanzar en un mundo que está en continua reinvención. Desde la creación de internet (ARPA 1962), hasta el manifiesto Cluetrain (1999), en 37 años de avances, todo lo que parecía absoluto se ha convertido en relativo. Todo lo que era cierto, ahora puede ser discutido. Todo lo que era susceptible de mejora, se ha superado con creces.

En este avance será, el nativo digital (la generación de menos de 30 años), el que multiplique la velocidad de los cambios y las innovaciones. El salto tecnológico será incesante y los medios de comunicación que ahora conocemos no se parecerán en nada en menos de 5 años. Valga como ejemplo la televisión, la radio o los periódicos, medios que están sufriendo una profunda reconversión.

A día de hoy, estos cambios están siendo dirigidos por los inmigrantes digitales, todos aquellos que hemos madurado a la vez que se ha creado la tecnología y no hemos nacido con ella. Aquellos a los que cariñosamente podemos denominar pioneros. Aquellos que soñaban con que en Navidad les trajeran un ordenador Spectrum, un Amstrand o un Commodore, o los cartuchos de juegos Atari o el Vectrex. Una generación que han acompañado y han hecho posible que los avances en tecnología fueran posibles los últimos 20 años.

Este año, los inmigrantes digitales, estamos deseando que nos traigan el juego de «Operación» a nuestros hijos, que está totalmente agotado hasta en El Corte Inglés. Lo que nos demuestra que aunque todo avance cada vez más rápido, siempre nos quedará la esencia, siempre nos quedará lo genuino, siempre nos quedará la Navidad.

¿Estáis listos, pioneros? ¿Lo tenéis todo preparado?

Feliz Navidad.

Jorge Jiménez Suárez

 

 

 

Dic 20, 2012

La recomendación, ¿origen de la web 2.0?

– ¿Está agotado? ¿Y ahora qué hago?

– Si me permite caballero, acérquese a la tienda que hay a dos manzanas de aquí con un cartel azul y lo verá usted en el centro del escaparate.

Sí, aún recuerdo la escena de aquella película clásica en la que a aquel dependiente de los grandes almacenes de New York le solicitaban un producto agotado y éste, sin pestañear, recomendaba que fuera a la tienda de la competencia donde sabía a «ciencia cierta» que allí lo encontraría su cliente. Por supuesto, el cliente, después de sorprenderse, se marchaba satisfecho de la tienda por la atención recibida, aunque no comprara nada allí.

En una reacción «lógica», sus superiores deciden despedir al dependiente. Parece ser, que no es la primera vez que ha ocurrido este hecho y el ejemplo ha cundido entre algunos compañeros. Para su sorpresa, pasado un tiempo, esta nueva manera de atender al cliente les está atrayendo a muchos nuevos clientes enviados de otras tiendas con la misma táctica de atención al cliente aplicada por el dependiente despedido.

Finalmente, el dependiente fue readmitido y se impuso su estilo de trabajo.

Quizá, éste, fue uno de los lejanos precedentes de la web 2.0 y de la explosión de las redes sociales, espacios donde todos comparten, todos recomiendan, todos colaboran en busca de la calidad, en busca de lo mejor, de la excelencia. No importa que un cliente no te compre a ti, lo importante es que le has ayudado, le has informado convenientemente a cerca de un producto o de un determinado servicio y te recordará siempre que busque a alguien que le aconseje. Confiará en ti, volverá, será fiel. En las redes sociales, serán nuestros seguidores, followers o fans.

Las redes sociales y la web 2.0 son espacios virtuales donde conviven personas que se interrelacionan con otras para compartir, conocimientos, experiencias, opiniones. Las empresas deben aprender rápidamente a integrarse en esta nueva forma de comunicación. No sólo se deben utilizar para vender, si no para «escuchar» a sus clientes, a sus seguidores, a sus fans, para saber atenderlos mejor y saber hacerles una buena recomendación.

Pero no debemos quedarnos sólo ahí, el dependiente, logró, no sólo que viniera público de la tienda que recomendaba sino también de otras muchas. Provocó una moda, un efecto contagio, un efecto viral. Quizá a corto plazo no veamos los resultados de esta nueva estrategia de comunicación, aunque es seguro, que a medio o largo plazo sus efectos superarán nuestras expectativas.

Lástima no recordar el título del film, ¿alguien me la puede recomendar?

Jorge Jiménez Suárez

 

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