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Jun 18, 2015

Integridad, profesionalidad, juego limpio.

– «Me convertí en una virtuosa del engaño»- dijo la marquesa de Merteuil.

– «No buscaba el placer, sino el conocimiento» – prosiguió.

– «Consulté a los más estrictos moralistas para dominar las apariencias, a filósofos para saber qué pensar y a novelistas para saber hasta dónde podía llegar» – continuó.

Y ante la mirada expectante del vizconde de Valmont, sentenció:

– «Y al final, lo destilé todo en un principio asombrosamente simple: vencer o morir» –

Había aceptado el trato. Si era capaz de hacer perder su inocencia a Cecile de Volanges, se vengaría de su enemigo. Y si, además, conseguía enamorar a Madame de Tourvel, ella, la marquesa de Mertenuil sería suya toda una noche. Pero para demostrarlo, debería conseguir una prueba por escrito.

La empresa era difícil, pero Valmont era un «reputado libertino» de la época. Cecile era joven y estaba enamorada del caballero Danceny. Por su parte, Madame de Tourvel estaba casada y era una firme defensora de la moral católica. El destino, «trucado», les hará coincidir a los tres en una casa de campo.

¿Lo conseguiría Valmont? ¿Valdría la pena?

integridad profesional

¿Qué necesidad tenía el vizconde de Valmont de involucrarse en esta aventura?

¿Compensarían los esfuerzos realizados para conquistar a una dama para tener a otra o a otras?

¿Se daba cuenta del daño que causaba por satisfacer una «necesidad»?

Sin saberlo, se equivocaba en su acción aunque la ejecutara a la perfección. Estaba ayudando y colaborando a conseguir los objetivos de otra persona que no le iba a compensar en el futuro. Para la marquesa era cuestión de vencer o morir, para él, sólo placer.

¿Cuántas veces nos hemos visto inmersos en este tipo de situaciones?

Tanto en la vida real como en la profesional estamos rodeados por personas que controlan situaciones y dirigen acciones a su antojo pensando que es lo mejor para todos. Y aunque no lo crean, suelen ser mejores sólo para sus intereses y no para todos los que están inmersos en la aventura. Lo peor de todo es que no pararán hasta lograrlo. No les importará pedir, exigir, mandar sin dar una contrapartida. Necesitan siempre ganar.

Para triunfar siempre debe haber alguien que trabaje para ello.

Una estrella en un equipo de fútbol no puede jugar solo. Por muy bueno que sea, sin equipo, no hace nada. Debe liderar el proyecto contando con su equipo. Es más, debe valorar siempre el esfuerzo, las ideas y las propuestas de las personas que le acompañan y que cubren muchas facetas muy necesarias para la obtención de resultados.

Muchas ocaciones nos puede suceder esto en la vida familiar con en el reparto de obligaciones. Quizá el peso de muchas funciones no están debidamente valoradas por una de las partes. También nos puede suceder en relaciones profesionales, sobre todo a la hora de comenzar nuevos proyectos. La mayoría de las veces, la mezcla de la amistad con el trabajo suele ser perjudicial para la creación de un objetivo común.

En ambos casos, siempre hay una parte fuerte o firme y una parte débil o flexible. Y como suele ocurrir, la parte fuerte se impondrá a su capricho a la parte débil, que intentará hacer lo posible, aunque no esté de acuerdo, en sacar el proyecto adelante, por el bien común. Pero está perdido.

Otros intereses u otras ideas que ya no son los originales o las que unieron ese equipo al principio, acabarán dando al traste con un proyecto que podía haber sido muy bueno. A veces la peligrosa ambición desmedida conduce a las mejores relaciones personales y profesionales al fracaso. Lo que también, lamentablemente, conducirá a caer en el descrédito a todos aquellos que formaban parte de ese proyecto.

Aunque nos cueste y seamos personas o profesionales desprendidos y en cierta manera generosos, debemos dejar todo desde el principio muy bien atado para no llevarnos sorpresas. Dejando todo acordado, cumpliendo con nuestra palabra dada y llevando a cabo nuestras oblicaciones hasta el final.

Con integridad, con profesionalidad.

Para que más adelante, nadie pueda llegar a preguntarse: ¿Pero a qué jugamos? Y nos quedemos con la sensación de haber estado perdiendo el tiempo sin necesidad.

integridad

Finalmente, Madame de Tourvel se enamora de Valmont, y él siente algo especial por ella, lo que despertará los celos de la marquesa de Merteuil. Y hará lo posible por que deje a Madame de Tourvel. Otro cambio, un nuevo capricho, un nuevo interés, un nuevo enredo. Pero será el despecho de Danceny el que acabe con él por su afrenta con Cecile. Llevando así al fin de todo aquello. Eso sí, no como le hubiera gustado, pero sí, la marquesa, volvió a vencer.

En nuestro camino personal y profesional nos encontraremos con todo tipo de personas y compañeros de viaje. Unos buenos y otros malos. Procuremos alejarnos de aquellas personas, clientes o «profesionales» que nos quieran imponer su criterio y cambiar las reglas del juego a mitad de la partida para aprovecharse de nuestro esfuerzo.

Manteniéndonos íntegros, demostraremos nuestra profesionalidad.

Como dice George Lakoff: «Seamos auténticos y mantengámonos fíeles a lo que creemos. Adoptar una posición en la que no se cree no sólo refleja una falta de integridad, sino que es una estrategia política equivocada e ineficaz».

¿Buscas profesionales?

¡Que no te engañen!

Jorge Jiménez Suárez

Abr 23, 2015

Inbound Marketing, una buena proposición.

– «¿Qué es esto?» – preguntó.

– «Un ladrillo» – le contestó un alumno.

– «¡Bien! ¿Qué más?» – insistió.

– «Un arma» – le respondió otro entre las risas de sus compañeros.

– «Louis Kahn dijo que, incluso un ladrillo quiere ser algo, tiene aspiraciones. Incluso un ladrillo normal y corriente, quiere llegar a ser algo más de lo que es. Quiere ser algo mejor de lo que es» – continuó.

– «Eso es lo que debemos sentir nosotros.» – finalizó.

….

David debía darlo todo en su profesión como arquitecto, su proyecto con Diona se había venido abajo por problemas económicos y habían aceptado una extraña proposición por parte de John Gage para saldar sus deudas y volver a tener el nivel de vida que ostentaban.

Habían optado por el camino más corto y habían aceptado la proposición de Gage. Lo tuvieron todo pero en poco tiempo se quedaron sin nada. Se habían perdido. ¿Había merecido la pena?

Inboud marketing

David, en su faceta de profesor, explica muy bien a sus alumnos como un simple ladrillo puede ser muy importante gracias a formar parte de una estructura, de una organización, de un equipo. Les demuestra con un sencillo ejemplo que las personas debemos «ser algo formando parte de algo».

Eso lo que debemos sentir, eso es lo que queremos sentir y eso lo que necesitamos sentir.

En el mundo digital las cosas no son muy diferentes. Para ello muchos profesionales utilizamos las herramientas que nos brinda la tecnología a través de internet, nuestros conocimientos, con la aportación y creación de contenidos, y una exquisita gestión de relaciones personales y profesionales a través de las diferentes redes sociales.

Para atraer a nuestro target, a nuestro público objetivo, a nuestros clientes utilizamos una serie de acciones, canales y técnicas combinadas e integradas en el plan de marketing para lograr un único objetivo: obtener mayor visibilidad on line. Es lo que denominamos Inbound Marketing o marketing de atracción.

El Inbound Marketing se basa en tres pilares fundamentales que deben estar sincronizados:

1. SEO o las labores de posicionamiento natural en buscadores.

2. Marketing de contenidos o la creación de blogs, noticias, imágenes, videos…

3. Social Media Marketing.  Espacio de encuentro entre personas, clientes y empresas.

Este conjunto de técnicas no intrusivas nos permitirán conseguir captar clientes aportando valor, a través de la combinación de estas tres acciones de marketing digital básicamente. Además, debemos incorporar un pormenorizado trabajo de analítica web y no despreciar una buena investigación comercial online previa.

Nuestra proposición ideal, al conjuntar todas estas acciones, está encaminada a que sea el usuario quien se sienta atraído por nuestro producto o servicio y tome la iniciativa para intentar establecer contacto con nosotros o con la marca. Cuando este contacto se establezca, serán los profesionales de las redes sociales los que redirijan ese interés en relaciones provechosas para ambas partes.

El Inbound Marketing, según nuestros compañeros de Marketing Digital se puede resumir en cuatro palabras: crear, optimizar, dinamizar y convertir. Nosotros seguimos apostando por la inclusión de de una quinta previa: investigar, y una sexta final: analizar.

Esa será la mejor proposición para atraer nuevos clientes, mantener clientes actuales y recuperar antiguos clientes. Lograremos así que llegen a ser mejores formando parte de nuestra comunidad, de nuestra marca. Libremente.

Inbound Marketing

David tuvo que aplicar toda su fuerza y su ingenio para recuperar el amor por Diona. Incluso perder el dinero que tanto deseó para solucionar sus problemas económicos. La ambición les había separado pero su proposición generosa les uniría de nuevo.

Para ganar o recuperar la confianza de las personas, de nuestro target, de nuestro público objetivo, debemos hacer una buena proposición, una proposición de calidad, una proposición de valor. Y esa proposición debe canalizarse a través de una clara estrategia de Inboud Marketing, un gran esfuerzo que merece la pena realizar.

Como decía Diona: «Si deseas algo con mucha fuerza, déjalo en libertad. Si vuelve a tí, será tuyo para siempre. Si no regresa, no te pertenecía desde el principio».

¿Necesitas una buena proposición?

Jorge Jiménez Suárez

Mar 12, 2015

Valor, el secreto de tu éxito

Brantley tenía ganas, tenía ambición, quería triufar.

Había llegado a New York con ganas de comerse el mundo. Había conseguido un pequeño trabajo en la oficina de paquetería interna de la empresa multinacional de su tío. Desempeño suficiente, que le serviría como trampolín para alcanzar sus sueños.

Con mucha inteligencia, viviendo una doble vida y muchas situaciones embarazosas, sabrá integrarse en el complejo mundo de «los trajeados» que le aceptarán y le reconocerán por sus ideas, sus habilidades, su talento y su método de trabajo.

Pero no lo tuvo fácil, se tuvo que enfrentar a una dura pero atractiva contrincante que guardaba un as en su manga. No importaba, el conocía el secreto y estaba decidido a salirse con la suya.

Estaba dispuesto a ser un hombre de éxito.

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Brantley había logrado introducirse en un mundo destinado a unos pocos. Lo había conseguido. Había trazado una estrategia y le había salido bien. Se había empeñado y había obtenido su premio. Había creido en sus posibilidades y había alcanzado el éxito.

En un principio, él pensaba que por el hecho de haber estudiado y tener una titulación ya estaba facultado para saberlo todo, tenerlo todo y disfrutar del reconocimiento y la fama. Pero no era así. Tendría que trabajar duro para alcanzar sus metas.

No hay atajos para el éxito.

Cuentan, que Bill Gates, volvió a su antiguo instituto a dar un discurso a los alumnos. Entre las muchas cosas que les dijo, enumeró once reglas de vida para que las tuvieran en cuenta aquellos chicos a la hora de enfrentarse al futuro e intentar tener éxito.

Una de aquellas once reglas era: «No ganarás cinco mil dólares mensuales justo después de haber salido de la escuela, y no serás el vicepresidente de una empresa, con coche gratis, hasta que hayas terminado el instituto, estudiado y trabajado mucho.»

Seguramente que de aquella charla, aquellos alumnos, salieron con la lección aprendida y con los pies en la tierra. Es muy probable que a partir de entonces, a pesar de todo lo aprendido, tuvieran más ganas de esforzarse por conseguir sus metas y potenciar su valía.

Bill Gates, como todos los padres les han dicho a sus hijos alguna vez,  solo quiso transmitir un mensaje similar a este de Will Smith: «el talento lo puedes tener, puedes nacer con él, pero la habilidad para hacer las cosas, realmente, es fruto de mucho esfuerzo y muchas horas de trabajo«.

Debemos darle forma al talento.

En este aspecto, no debemos olvidar la importancia de la ética del trabajo, la ética profesional.

¿Cuántas veces hemos presenciado «atajos» realizados por otros compañeros o profesionales?

¿Cuántas veces un cliente ha venido a nosotros enseñándonos lo que otros «le han hecho»?

Después de ver el problema y de tenerlo ante sus ojos, los clientes vienen a nosotros para que les demos una solución. Porque somos diferentes, porque tenenos otro estilo, porque nos valoran,porque transmitimos credibilidad. La transparencia de nuestro trabajo, como otras veces hemos dicho, generará la confianza necesaria en ellos.

Esa confianza en nosotros y en nuestro trabajo, nos hará creer más en nuestras posibilidades, nos hará sentirnos más firmes, nos hará ser más seguros. Y así, podremos ser capaces de transmitir nuestro conocimiento y nuestra experiencia. Compartiremos nuestro valor.

Y lograremos que nos crean.

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Brantley, con el tiempo, aprenderá que hay cosas mas importantes antes que el éxito, por lo que deberá aprender a organizar sus prioridades, tanto personales, como profesionales. Creerá en si mismo y los demás creerán en él.

Para nosotros, el secreto del éxito está en el esfuerzo, la pasión y la ilusión de ver cómo poco a poco los proyectos que hemos planificado van tomando forma. De ver cómo los objetivos se van cumpliendo progresivamente. Y de ver cómo los buenos resultados, con perseverancia, al final llegan.

Todo como consecuencia de un buen trabajo en equipo, aplicando nuestro estilo y nuestros métodos de trabajo. Llegando a ser, para nuestros clientes, una parte importante, una pieza clave de su ejecución, un preciado objeto difícil de desprenderse. Siendo un fiel apoyo.

Como dijo Albert Einstein: «No intentes ser un hombre de éxito, sino ser un hombre de valor«.

¿Nos guardas el secreto?

Jorge Jiménez Suárez

Dic 17, 2013

Pon tu estrategia en marcha, busca el compromiso.

Robé el balón en el centro del campo, vi el hueco, no me lo pensé dos veces, le pegué con fuerza.

A pesar de la estirada del portero, la pelota entró abajo, junto al palo izquierdo.

Gol.

¡Toma, toma y toma! – Grité en mi interior.

No sé si por las especiales circunstancias de aquel partido o por seguir el estilo de mi héroe futbolístico del momento, no exterioricé nada. Además nadie gritó, nadie dijo nada, nadie lo celebró. Un silencio gélido reinaba el «patio de arriba» del colegio. Llevábamos 5 minutos de partido y ya ganábamos 2 – 0 al equipo formado por los profesores.

No era la primera vez que jugábamos juntos, llevábamos al menos 7 años jugando en la misma clase, muchísimos partidos de recreo y otros tantos de competición escolar a nuestras espaldas. Nos miramos a la cara en el vestuario. No teníamos nada que comentar, no teníamos nada que decir. Sabíamos lo que teníamos que hacer. Sólo teníamos que hacer «lo de siempre«, salir a jugar y disfrutar.

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Recuerdo que por aquella época, estábamos enganchadísimos al equipo de moda, sus grandes partidos y sus grandes remontadas. Sin saberlo les emulábamos en muchas cosas: su toque, su temple, su elegancia, su estilo. Hablábamos de ellos en todas partes, teníamos sus cromos, las carpetas forradas con fotos de todos, de sus partidos, de sus jugadas, de sus goles. Eran especiales y así lo sentíamos.

Eran una referencia. Estaban en todas las tertulias de radio, en todos los programas de la televisión, en los anuncios. Estaban de moda. Hasta las chicas se aficionaron al fútbol y les perseguían como «las chicas cocodrilo«, de los Hombres G, muy de moda también en aquella época.

En definitiva, generaban admiración, generaban ilusión, generaban pasión, generaban compromiso.

¿Cómo lo hacían? ¿Cuál era su secreto?

Su secreto era «jugar de memoria», se conocían desde hacía muchos años. Y convivían prácticamente a diario, hablaban todos los días. Compartían su conocimiento, compartían su experiencia, vivían su profesión, la mascaban, se apasionaban con ella. Así todos sabían lo que el otro iba a hacer, sabían donde estaban posicionados, cuáles eran sus gustos, cuáles eran sus preferencias. Otra parte muy importante era la calidad de todos ellos y de los que les complementaban en el campo.

Esta debería ser la relación ideal de un equipo de trabajo en una empresa, de una agencia con un cliente, de un proveedor y su fábrica. Si esto es así, con el tiempo se genera confianza, empatía y comprensión, se genera una estrecha relación, un vínculo de complicidad, un compromiso. Y en nuestro mundo, el mundo digital, es muy apreciado, muy valorado.

Podemos afirmar que es esencial.

En redes sociales esto es conocido como «engagement«. Es el objetivo máximo que persigue la estrategia de cualquier empresa que tenga presencia en internet, es decir, generar un nivel de compromiso tan firme con los clientes y usuarios que además de obtener su fidelidad les recomienden y sean los «abanderados» de sus productos. Que cada comunicación entre la marca y sus fans, llegue a la mayor cantidad de personas posible, que sus mensajes incluso se viralicen y convenzan a otros.

No podemos olvidarnos dejar de lado el contenido, este debe ser de calidad. Saber transmitir es necesario y compartir contenidos que generen utilidad y que aporten valor, también lo es. Lo mismo que la gente que nos rodea y complementa, debe estar en sintonía con nuestro mensaje. Deben proyectar esa calidad del mensaje para producir los efectos y objetivos deseados: ROI, mayores ventas, más contactos, etc.

engagement3-4-131Por otro lado, el respeto de unos chavales de 14 años hacia sus profesores del colegio quedaron palpables en el fondo y en la forma. Pero en el terreno de juego no tuvimos piedad. Resultado final, un 23 – 8, que nunca nadie olvidaría. A la mañana siguiente nos sacaron a todos a la pizarra a dar la lección. Tampoco tuvieron clemencia.

Hace 30 años, una generación de futbolistas revolucionó el mundo del fútbol y consiguió generar un compromiso de masas del que muy pocos nos hemos olvidado. Sentaron una base por la que se han logrado una serie de triunfos deportivos antes inalcanzables.

Consiguieron que muchos de nosotros aprendiéramos a luchar por nuestros sueños.

Aún nos quedan muchos sueños por cumplir.

¿Nos comprometemos?

Jorge Jiménez Suárez

Oct 8, 2013

Involucra a tu gente, ilumina el camino.

Descolgaba el teléfono y rápidamente les tenía en el bote…

– «Agencia de detectives Luz de Luna

– … propiedades perdidas o robadas son nuestra especialidad, nosotros lo investigamos…

– …si le roban les seguimos, si extravían algo lo encontramos…

– …ningún trabajo es muy grande ni muy pequeño, trabajamos para complacerlos a todos…

– …tenemos licencia en regla y aceptamos su tarjeta de crédito, ¿en qué puedo ayudarle?»

Enganchaba, así, con un cliente fuera del tipo que fuera sin que se sintiera excluido.

Como cada día, Agnes Topisto, mientras atendía el teléfono, les veía entrar en sus respectivos despachos con el correspondiente portazo a sus espaladas. Maddie Hayes y David Addison, dirigían la agencia de detectives «Luz Azul«, y a pesar de sus diferencias y las continuas discusiones, ambos, hacían que Agnes, su secretaria, se sintiera orgullosa de su trabajo, disfrutara con él y estuviera involucrada en el destino de la agencia.

Ambos socios, habían convertido un problema en una oportunidad y con ello conseguían mantener un espíritu de trabajo en equipo de toda la agencia, haciendo manar de ellos una tremenda generosidad en su esfuerzo por hacer bien su trabajo, por buscar la excelencia, por dar algo más a la cadena de valor, calidad de trabajo y generar entusiasmo.

En esta época del año nos encontramos frente a un trimestre duro de trabajo y de fuertes dudas. La incertidumbre sobre el futuro la podemos disipar utilizando técnicas de investigación comercial y contrastar resultados anteriores con herramientas de analítica. Con ambas herramientas actuaremos sobre seguro para poder trazar una nueva estrategia, pero, en lo que no podemos bajar el pistón es en el empuje comercial, nunca debemos dejar de ofrecer.

La labor comercial, esa acción que se nos hace cuesta arriba, la que la mayoría de las personas de una organización procura rehuir y curiosamente la gestión comercial es uno de los perfiles más demandados en la actualidad. Somos conscientes de que necesitamos una cara visible que venda nuestros productos o servicios. Lo que no somos conscientes es que todas nuestras acciones en una empresa, todas las conversaciones de internet, el trato a los clientes, el cuidado de los proveedores y todas las actividades que forman parte de nuestra cadena de valor, son ventas futuras si se hacen bien.

Destaquemos que, toda acción, sonrisa, gesto o comentario, vende. Todo lo que refleja la imagen corporativa de una organización, vende. Toda cabeza visible de la empresa, vende. Con su presencia, con su trato, con su manera de hablar, con todo. Todo refleja una forma de ser, una forma de entender un negocio, una empresa, una firma, una identidad. Todos los componentes de una corporación, con su estilo, venden.

¿Por qué? Porque están involucrados.

¿Por quién? Por la política de actuación de la empresa y la transmisión de la misma de sus líderes.

¿Cómo? Generando entusiasmo e ilusión.

¿Cuál es su objetivo? La satisfacción del cliente, su felicidad.

En el pasado encuentro de Hemesic, Gonzalo Errejón Presidente del ABM Rexel, afirmó:

– «Todos somos fuerza de ventas» – Y tenía razón.

La agencia de detectives Luz azul, mas conocida por Luz de Luna, fue una de las mas famosas series de detectives de televisión.

Todo un éxito comercial.

Desde aquí, pensamos que una sonrisa, es el mejor feed back que podemos obtener de un cliente.

¿Vendemos?

Jorge Jiménez Suárez

 

Abr 20, 2013

Viralidad, el misterio de la calidad del contenido.

Berengario, el ayudante del bibliotecario, entre agudos dolores, se aproximó a la bañera y se introdujo en ella vaciando el bote con hojas de lima. Pretendía tomar un baño calmante para sus dolores, pero no lo logró y entre horribles espasmos murió ahogado en ella. Era la tercera víctima y otras más quedaban por llegar.

¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué morían los monjes? ¿Qué misterio encerraba aquella abadía?

El mayor misterio de aquella abadía era su biblioteca, un perfecto laberinto que albergaba una inmensa cantidad de conocimientos dentro de miles de libros de incalculable valor. Y entre todos ellos, uno en especial, la segunda parte del «Tratado de poética de Aristóteles«, en el que se hablaba de la comedia.

¿Y por qué la comedia?

Porque divierte, porque genera la risa.

¿Cuál era la consecuencia de la risa en aquellos momentos?

«La risa acaba con el miedo y el miedo es lo que hace que la gente se acerque a la Iglesia«, así lo afirmaba Jorge Burgos, el antiguo bibliotecario.

El miedo, el temor de Dios era lo que hacía que muchas personas dependieran de la Iglesia en aquella época de la historia y la risa podía acabar con esa situación en la que muchos se habían «acomodado». Para muchos era el único camino para poder salir de sus limitadas vidas y acceder a la cultura, al conocimiento, al saber. Las abadías, los monasterios, los claustros de la Iglesia fueron en la Edad Media en especial y en varios siglos posteriores, los lugares donde se guardaba toda la documentación, los códices, los libros, la cultura. A ellos acudían todo tipo de personas para aprender, para compartir, para transmitir conocimiento. Tener la oportunidad de pertenecer a la Iglesia en aquellos tiempos podía considerarse como pertenecer a una clase selecta, ser la élite de la cultura y ser considerados como los garantes del saber.

A partir de aquí se planteaba esta disyuntiva, ¿qué interesaba más, fomentar la transmisión de conocimiento o la posesión del mismo? En el caso de la novela a la que hacemos referencia había que poner unas barreras al acceso del saber: un laberinto, un escondite, un veneno mortal. No interesaba que todos accediéramos al saber, no interesaba que todos fuéramos iguales, ya que estar en posesión del conocimiento y la cultura nos hace libres, independientes.

Unos cuantos siglos después, gracias a internet y a las redes sociales, podemos acceder al saber y a los contenidos instantáneamente, sin pedir permiso, sin miedo, sin temor. Los buscadores como Google son la lana de la ropa de Adso de Melk que nos conducen a la salida del laberinto o a la información que necesitamos. Las salas de cada planta de la biblioteca son el posicionamiento al que se puede acceder si nuestro producto o servicio es bueno o está bien valorado o sencillamente, bien estudiado. La biblioteca es una autopista de información llamada internet en la que se alberga y se proyecta la imagen de nuestra empresa, de nuestros clientes, de los usuarios, de las personas,.

Gracias a ello, podemos ser muy rápidos en informar y en transmitir conocimiento sobre las marcas, podemos incluso obtener un éxito mayor y más rápido en la viralización de una acción o de un contenido. Si la risa fue considerada una amenaza, hoy en día es lo que más produce contenidos virales. Todo lo que es agradable y divertido suele tener mayor acogida entre los usuarios y el público en general. Nos gusta todo aquello que nos produce buenas sensaciones y nos motiva. Lo que nos produce alegría.

La semana pasada tuve la oportunidad de presenciar una perfomance de Oscar Mayer en el Hipercor de Pozuelo de Madrid y me pregunté: ¿realmente esto tiene impacto en el punto de venta?¿Y fuera del punto de venta? Enseguida obtuve la respuesta, decenas de personas con su smartphone grababan la puesta en escena y lo compartían por la red a través de Twitter, Facebook o YouTube. Evidentemente los profesionales que habían planificado este tipo de campañas, habían tenido en cuenta la viralidad de sus acciones a través de las redes sociales y su apoyo a través de otros medios y soportes. Habían contado con la reacción de las personas.

Bravo por Oscar Mayer y su agencia de publicidad McCan-Erickson. Fantástica campaña.

«El nombre de la rosa» escrita por Umberto Eco, es una de las novelas más famosas que se han escrito a finales del siglo XX. Su repercusión fue tan grande que se adaptó al cine y el propio autor tuvo que escribir unas «apostillas» para poder explicar y comentar todo lo que había escrito. Es de los libros más leídos y premiados. Su  éxito fue un caso claro de viralidad por la calidad de su contenido. Se calcula que se han vendido mas de 50 millones de ejemplares y se ha traducido en más de 50 idiomas. Las cifras de su adaptación al cine también fueron apabullantes.

¿Cuál es la clave del misterio?

La calidad del contenido.

¿Viralizamos?

Jorge Jiménez Suárez

 

 

Mar 30, 2013

Branding, pasión por la marca.

– «Super disco fashion«

Hasta pasado un tiempo, no supe si la última palabra con la que nos sorprendía Rocco en aquella habitación con ropas setenteras era fashion o pasión, aunque cariñosamente siempre digo «pasion», con la entonación cambiada.

Este divertido spot realizado por la agencia Remo para Mitsubishi es uno de los anuncios más divertidos que recuerdo. Aún sonrío con la siguiente escena, en la que la niña ilusionada por ir a la playa en el coche nuevo con su flotador de patito se queda resignada en tierra:

– «¡Andiamo, andiamo!»

Y la contundente respuesta de Rocco:

– «Corellina… la mia macchina é troppo piccola. Piccola, piccola…»

Todo esto aderezado con un fantástico jingle de la Fundación Tony Manero: Super Sexy Girl, la hicieron una de las campañas más conocidas y simpáticas de finales de los años 90. Con algo tan sencillo, tan bien trabajado y tan bien ambientado, consiguieron que el gigante asiático fuera visto de otra manera, con otra imagen de marca. Hasta entonces, estábamos acostumbrados a la sobriedad y seriedad que transmitían las campañas sobre los productos orientales. Este fue un cambio de rumbo que acercó la marca al consumidor final, haciéndolo más afable, más humano, más accesible.

Muchas veces durante el proceso de creación de una marca se llegan a plantear muchas incógnitas a las que nuestro público objetivo o target querrá obtener respuesta. Tendremos que realizar un preciso estudio previo para poder realizar nuestras acciones de Branding.

Pero, ¿qué es el Branding?

Es el proceso de realizar, crear, construir una marca mediante la planificación, ejecución y control estratégico de todo aquello que conforma la empresa, producto o servicio y toda la cadena de valor a ella asociada bajo un mismo nombre o logotipo. Dando forma a la imagen de empresa o imagen de marca que más conviene o es más favorable.

Para la elaboración de la estrategia se debe partir siempre del conocimiento de varias respuestas a estas preguntas:

– ¿Quiénes somos?

– ¿Qué hacemos?

– ¿A quién queremos llegar?

– ¿Cuál es nuestro objetivo?

– ¿Cuántos medios vamos a utilizar para lograrlo?

Aunque, a veces, dependiendo del mercado, de la zona geográfica o la estación del año que se trate, nuestro concepto de marca puede cambiar. Los ejemplos de este tipo de comportamientos son innumerables aunque en el mercado global en el que vivimos su impacto es cada vez menor.

Nuestra campaña de marca o branding, debe estar apoyada por un buen estudio de posicionamiento previo, una correcta elección de la imagen corporativa, nombre y logotipo, y una fluida difusión a través de los canales de comunicación, internet y social media.

Mitsubishi Space Star fue un ejemplo claro de saber estudiar el mercado a donde iba a dirigirse y saber dar un cambio en la estrategia de branding en el momento oportuno, con la planificación adecuada, confiando en los profesionales adecuados. Consiguieron hacer que «algo suyo» fuera identificado como «algo nuestro».

Ese algo nuestro es la pasión. Este concepto nos ha hecho ganarnos muchas simpatías allá por donde vamos y no sólo por nuestra selección de fútbol. Las emociones, los sentimientos, el pundonor son conceptos que forman parte de nuestra idiosincrasia. A lo largo de la historia, siempre hemos sabido trasladarlo a todas las facetas de nuestra vida y aplicarlo en los momentos justos para dar algo más, un valor añadido a nuestras acciones, a nuestros servicios, a nuestros productos, a nuestras empresas. Siempre que llevamos a cabo un acción con empeño, con constancia, con pasión, solemos obtener los mejores resultados y lograr el éxito propuesto.

Estudiemos, aprendamos, llevémoslo a cabo.

Aprendamos de Mitsubishi y la agencia Remo.

Eso sí, con mucha pasión.

Jorge Jiménez Suárez

 

 

Nov 28, 2012

Convierte un problema en una oportunidad.

– ¡Toma, rico! – me dijo mi madre, mientras me tiraba de la oreja y me hacía un guiño. Me entregó un paquete, que sin saberlo, en ese momento, era el último regalo que recibía de mi madre. Era el día de mi cumpleaños.

Al retirar el envoltorio, descubrí un ejemplar del conocido libro de Stanley Bendelac: «Nunca tires la toalla», un libro que no ha abandonado la cabecera de mi cama desde entonces. En él, Stanley Bendelac, narra de manera sencilla y amena una serie de episodios profesionales de los que extrae una enseñanza, una moraleja. Su estilo, su legado, su experiencia.

Un libro que te engancha de principio a fin, porque nos muestra cómo ante una serie de problemas, dificultades y contratiempos, nuestro protagonista consigue remontar las situaciones adversas por complicadas que éstas sean. Consigue convertir un problema en una oportunidad.

Es sorprendente ver, en momentos duros y adversos en los que hoy vivimos, cómo podemos encontrar la inspiración para aventurarnos en nuevas ideas y llevarlas a cabo. El apoyo que nos brinda internet y las redes sociales deben ser aprovechadas por las empresas y los emprendedores para generar nuevas oportunidades de negocio, de gestión, de relaciones, de servicio al cliente. El mundo ha cambiado y la comunicación también. Los gustos, los hábitos, las tendencias, todo evoluciona. Como decía Stanley Bendelac, todos los cambios no deben abrumarnos, todo lo contrario, deben estimularnos. Si algo debemos tener claro es que debemos animarnos a utilizar y a estar muy al día de las nuevas tecnologías para complementar nuestro trabajo, para darle valor.

El pasado domingo, tuve la oportunidad de leer un artículo del suplemento XL Semanal, en el que, en una entrevista a Eduardo Punset, éste afirmaba: «…la tecnología es el futuro inmediato. Mis amigos científicos me aseguran que ya es demostrable los países que van a triunfar: los que basen su economía en la tecnología, la robótica y la ciencia».

Aún estamos a tiempo, ¿nos subimos al futuro?

Nunca hay que rendirse. Gracias, Stanley.

Un gran regalo. Gracias mamá.

Jorge Jiménez Suárez