30 Sep, 2016

Tu código, tu conducta.

– “¿Qué ha querido decir? ¿Harold? ¿Qué ha querido decir?” – Preguntó Louden.

– “No lo comprendo, el Coronel Jessep dijo que ordenó un código rojo” – Insistió.

– “Lo sé, pero…” – Intentó contestar Jo Anne

– “El Coronel Jessep dijo que ordenó el código rojo. ¿Hemos hecho algo malo?” – Continuó Louden.

-“No es tan sencillo.” – Le contestó Jo Anne de nuevo.

– “¿Hemos hecho algo malo? ¡No hemos hecho nada malo!” – Gritó Louden.

– “Sí, lo hemos hecho.” – Contestó Harold, con calma.

– “Nuestro deber era luchar por la gente que no podía luchar por sí misma.” – Explicó.

– “Nuestro deber era luchar por Willy.” – Bajando la mirada.

El teniente Daniel Kaffee, abogado de la Marina con un historial muy prometedor, es el encargado de defender a los dos marines de la base de Guantánamo. Pero nunca había llegado a un juicio. Todos sus litigios los había resuelto mediante acuerdo previos.

El coronel Jessep es el Comandante en Jefe de la base. Presume de hacer todo lo que está en su mano para defender el muro que separa a su país de Cuba. Sus hombres de confianza, el capitán Markinson y el sargento Kendrick  apoyan a su coronel. Acatan sus órdenes, porque si no es así, “la gente muere”.

Mientras, los marines Harold Dawson y Lauden Downey, son acusados de asesinar a su compañero Willy por ser un mal ejemplo para el resto de sus compañeros y por el bien de la defensa de la nación norteamericana.

Para todos ellos era muy importante el código, el honor, la lealtad…

…pero ninguno lo había respetado.

codigo

Daniel y sus ayudantes, JoAnne y Sam, tendrán que empaparse de todo lo sucedido allí para poder defender a sus clientes frente al fiscal de la Marina Norteamericana y salvarles de pasar muchos años en una prisión militar. Tendrán que derribar muchos muros para saber la verdad. Tendrán que enfrentarse a ellos mismos. Para tener éxito en su cometido…

…tendrán que hacer las cosas bien.

¿Cuántas veces pensamos que lo que hacemos o pensamos es lo mejor para nosotros, nuestra familia, nuestro trabajo o nuestros clientes? ¿Realmente es cierto? ¿De verdad lo pensamos? ¿Creemos en serio que es lo mas conveniente para todos ellos? Puede ser que, simplemente, todo se haya hecho de buena voluntad o que la intención fuera buena pero los resultados no fueran los correctos.

Si pensamos en los casos en los que se han hecho mal las cosas que eran necesarias hacer, descubriremos, que la mayoría de las veces, se utilizaron atajos o se emplearon pocos medios o los menos ortodoxos. Todo por reducir el coste y agilizar el proceso de mala manera, pero siempre por el bien de determinada institución o empresa. Esto es un gran error.

Debemos hacer las cosas bien aunque nos cuesten un poco más.

Vivimos un momento de continuo cambio y de vertiginosa evolución. Las empresas para ponerse al día con la realidad que les rodea, deben seguir trabajando en su adecuación, adaptación o transformación digital. Como hemos dicho en innumerables ocasiones, esto no consiste en hacer una web y crear unos perfiles en redes sociales y esperar a ver que pasa.

El proceso de transformación digital debe ser algo genérico, algo que abarque todos los sectores y ámbitos de la empresa. Sin olvidar la actividad diaria, el cara a cara, el contacto, la visita, la llamada telefónica, debemos abrir las nuevas vías de comunicación y de procedimiento con nuestros clientes. Como una más pero como un nuevo código de conducta. Más sencillo, más accesible, más transparente.

En poco tiempo, el contacto digital seguirá desbancando a lo que seguimos denominando analógico u offline. Pero este proceso no debe acabar con él, aunque pensemos que es lo mejor para la empresa o para nuestras relaciones personales. Podemos caer en el error de deshumanizarnos.

Seamos justos y busquemos el equilibrio.

conducta

– “¡Harold!” – Le llamó Daniel, cuando ya se marchaban de la sala.

– “Señor…” Se volvió Harold.

– “El honor no es sólo una pegatina en el brazo…”

Los dos marines, a pesar de ser inocentes de asesinato, habían sido finalmente expulsados del ejército por obedecer órdenes de sus mandos superiores. Esas instrucciones dadas, según el código y el honor, nunca debieron ser ejecutadas. Era una conducta impropia de un marine de los EEUU.

Las cosas, para hacerlas bien, simplemente hay que estar en disposición de hacerlas. Sin atajos, sin recortes, sin trucos, sin engaños. La transformación digital debe hacerse. Es necesaria. Pero debemos cuidar, conservar y tener muy presente que somos personas que interactúan mejor con el contacto. Si sabemos combinar los esfuerzos en hacer las cosas con sentido, los buenos resultados llegarán. Es sólo cuestión de tiempo. Y seguramente, atraeremos más clientes, tendremos más trabajo y obtendremos mejores resultados.

Como se suele decir: “La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho.”

¿Necesitas ayuda para tu transformación digital?

¡Hagámoslo bien!

Jorge Jiménez Suárez

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