21 Jul, 2016

Tu empresa, panorama límite.

– «Unas reparaciones, un poco de cariño, un poco de imaginación y será fabulosa.» –

– «¡Vamos a pasarlo bomba arreglándola, ya verás!» – dijo Walter.

Anna tocaba en una orquesta de música clásica. Walter era abogado de grupos musicales. Eran felices y se querían. Vivían juntos en un apartamento en la ciudad hasta que deben marcharse y buscarse un nuevo hogar. Un buen día, un amigo de confianza, les ofrece una ganga, un auténtico chollo: una preciosa casa.

Lo que al principio les parece un proyecto ilusionante, se irá convirtiendo en una ruina. Nada es como esperaban, nada funciona correctamente, todo es un desastre. Sus esfuerzos por arreglarlo son en vano, lo que traerá como consecuencia, el hundimiento de sus sueños y de su vida en pareja.

A pesar de hacer todo lo posible, aquello se hundía sin remedio.

panorama

Por más empeño que ponían en arreglar aquella casa, más se ponía todo en su contra. Anna y Walter estaban al borde de la ruptura. El panorama al que se enfrentaban, a pesar de ser ilusionante en un principio, comenzaba a convertirse en una pesadilla. Casi no podían más. Y las personas que les podían ayudar ponían más voluntad que efectividad.

Habían llegado al límite.

Hace más de dos años, en Octubre de 2.013, con motivo de Halloween hablábamos de lo duro que podía ser la gestión de una empresa y de las personas que se encargaban de ello. En aquella entrada hablábamos de lo peligroso que era convivir y continuar un proyecto en constante «huida hacia adelante«. Quizá, como a los protagonistas del ejemplo de hoy, les ha pasado alguna vez.

Nosotros hemos seguido con nuestra línea de trabajo y nuestro estilo desde entonces, pero desgraciadamente, siempre hay circunstancias ajenas o externas que influyen en la actividad y en los resultados de la empresa. Lo que comienza con gran ilusión y muchas horas de esfuerzo y de trabajo, se convierten en auténticas penurias por motivos que no podemos controlar.

Son muchos los casos que habitualmente hacen daño a una empresa o a una agencia como la nuestra y que por vocación al cliente o por no perder una oportunidad, te ves arrastrado a un pozo sin fin del que difícilmente puedes salir.

Errores de los que debemos aprender y procurar evitar en el futuro.

Si entráramos a detallar casos de nuevos contactos o nuevas relaciones comerciales, entre otros, podríamos citar a aquellas empresas que contactan contigo, con las que te reúnes y te extraen las ideas para su proyecto y pasado un tiempo no vuelves a saber nada de ellos. O el caso de aquellos amigos o familiares que te ponen en contacto con otras empresas para echarte una mano y te atienden por educación para no volver a saber nada de ellos nunca más.

Como sangrantes son aquellas empresas que después de hacer todo el trabajo, al final, se lo dan a un amigo o conocido que les rebaja el presupuesto con todo hecho. O aquellas empresas que piden y piden y piden hasta que llegan a tu límite y no te queda más remedio que o tragar o tirar la toalla.

Pierdes en todos los casos.

Pero lo más doloroso son aquellas empresas o clientes que después de todo, no te pagan o se demoran tanto en el pago de tus servicios que te acabas ahogando en financiación. Y no vivimos en tiempos en los que los bancos ayuden mucho a las PYMES a financiarse. Al final, acabas saliendo a flote con la ayuda de los amigos de verdad y de tu familia. Y por supuesto con el apoyo de todos los que nos seguís desde hace tanto tiempo.

Tenemos la suerte de contar con vosotros.

 

ruina total

Anna y Walter, finalmente, terminarán de reconstruir su casa a un coste muy elevado. Pero el desgaste ha sido tan fuerte, que prefieren poner a la venta su nueva casa a continuar en ella. Prefieren llevarse la experiencia y el conocimiento. Prefieren compartirlo, pero de otra manera. Definitivamente, el proyecto había rebasado su límite.

Se suele decir que para lograr lo que quieres, primero debemos tener el valor de desprendernos de lo que no queremos. Quizá en esta pequeña agencia hemos pecado de ello por atender y satisfacer a todo tipo de clientes y compromisos. La experiencia nos dicta que lo mejor es trabajar con desconocidos y luego afianzar una relación de trabajo y confianza plena. Los contactos, salvo ocasiones puntuales, sólo son fuente de futuros problemas. No decimos esto a la ligera.

Quizá hemos llegado al límite y necesitamos un cambio.

O al menos un nuevo rumbo, un nuevo futuro. Y no es que podamos sentir que hayamos fracasado, todo lo contrario, quizá este proyecto esté agotado y necesite renovarse o dejarlo a un lado temporalmente. A pesar de los grandes sinsabores, este mundo «engancha» y nos gusta mucho más que el día que empezamos.

Como decía Wiston Churchill:

«El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.»

Vamos a meditarlo.

¡Menudo panorama!

Jorge Jiménez Suárez

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