11 Mar, 2014

Tu estilo, la esencia del camino.

Ocupado de sus hermanos mas pequeños, pasaba por mi lado todos los días por aquella calle junto al colegio. Impecablemente vestido, parecía un lord inglés: con traje, corbata, incluso algunas veces, con bombín, paraguas y su inseparable maletín. Muchas veces le vi en el patio aguantando estoicamente las chanzas y las bromas de muchos niños por su forma de vestir para ir al colegio.

¿Acaso era mal estudiante por ir así vestido?

¿Tampoco podía jugar en el recreo con sus compañeros?

¿Era menos o más que los demás?

Sólo era un alumno más con una idea diferente, por supuesto respetuosa, de cómo debía cumplir con su obligación.

No recuerdo su nombre aunque sé que le llamaban “el ministro”. Con el paso de los años tampoco recuerdo su cara, pero lo que nunca olvidaré es su presencia, su valentía y su estilo.

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¿Cuántas veces han puesto en duda nuestro estilo de trabajo?

¿Cuántas veces hemos tenido que justificar nuestras acciones?

¿Cuántos clientes han dudado de nuestra capacidad?

A diario, nos vemos inmersos en multitud de retos que debemos superar. La firme convicción de lo que somos capaces de hacer y realizar, la firme garantía de éxito en nuestras acciones no deberían hacer dudar a nuestros clientes. Siempre hemos pensado que la mejor manera de generar confianza es la de mostrarse, darse a conocer y ser generosos, es decir, compartir nuestra experiencia en los terrenos que dominamos.

Todo esto debe venir acompañado de una clara vocación de servicio al cliente. Esa debe ser la esencia de nuestra diferenciación frente al trabajo que otros le puedan ofrecer a nuestro cliente. En la mayoría de los casos podríamos establecer unas pautas para que sepan que están en nuestra mente en cada momento y que no les abandonamos hasta que su necesidad esté cubierta.

Si un posible cliente entra en contacto con nosotros, además de ser rápidos y ágiles en la respuesta, debemos procurar mantener una postura correcta y educada. Y ante todo sonreir. Las personas amables, calmadas y alegres suelen tener mayor aceptación.

Por otro lado, no dejar nunca de atender y despejar sus dudas ante cualquier concepto que no quede claro. Atender siempre el teléfono o mandar un mensaje de confirmación si no se ha podido responder. Por supuesto, contestar a los emails lo más rápidamente posible y no dejar de contestar a ninguno más de un día.

Facilitar en la medida de lo posible el contacto con el cliente en reuniones, visitas, muestras y explicaciones. Tienen que saber que nos importan y que pueden disponer de nuestro tiempo. Que estamos aquí para atenderles todas las veces que necesiten. Y ante todo nunca plantear problemas o hacer comentarios con connotaciones negativas.

Así conseguiremos que la idea de trabajar con nosotros sea satisfactoria, sea grata, sea toda una experiencia. Con seguridad, es muy posible que guarden una buena opinión de nuestro trabajo y en un futuro nos puedan recomendar a otros.

Esta labor de atención al cliente, en internet, no es muy diferente. Hace no mucho tiempo pusimos un ejemplo sencillo de cómo debe gestionarse la atención al público de la forma más ágil y práctica con el video de Aceros Hispania. Algo no muy diferente de lo que aquí defendemos.

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De aquel ilustre compañero de colegio no he sabido nada, aunque, según dicen, siguió estudiando e hizo una carrera universitaria. Es muy probable que siga manteniendo su estilo y viva de manera distinguida, diferenciada, especial, como siempre hizo, como un auténtico gentleman o como un ministro. ¿Quién sabe?

Nosotros seguiremos fieles a nuestras ideas e intentaremos mantener el nivel y situar al cliente en el centro de todas nuestras acciones con objeto de dar el mejor servicio, sin olvidarnos de nuestra máxima: “no hay trabajo pequeño, ni cliente menor”.

Y como decía Stanley Bendelac: “ser auténtico vende“.

¿Estás bien atendid@?

Jorge Jiménez Suárez

 

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