11 Oct, 2016

Tu fracaso, tu futuro éxito.

– «¿Cómo? ¿Qué piensan qué?» –  le preguntó con sorpresa.

– «Bueno, la opinión general es que no encajas con el nuevo programa, que eres…» – Dijo George.

– «¿Qué intentas decirme?» – Preguntó de nuevo Graham.

– «No te lo han dado Graham. No serás tú.» – Le confirmó George.

– «¿Me estás tomando el pelo?» – Graham con enfado.

– «Lo siento Graham.» – Le dijo George agachando la cabeza.

Graham Marshall era un alto ejecutivo de una poderosa agencia de publicidad de la Avenida Madison de New York. Siempre había anhelado suceder a George en el puesto de director cuando este se jubilara. Pero, para su sorpresa le dan el puesto a Robert, otro directivo más joven, con menos experiencia, pero que está más familiarizado con el proceso de informatización de la empresa.

Ese mismo día, volviendo a su casa tendrá un desagradable encuentro con un desenlace inesperado. Gracias a ello descubrirá la manera de eliminar todos los obstáculos que le impiden ascender y mejorar en su vida. Rápidamente descubrirá que su método da resultados. Había cambiado de rumbo.

Era más feliz, había tomado las riendas de su destino.

– «Graham, te perdono por tu fracaso» – Le dijo Lesli a modo de despedida.

Una risa interior le colmaba su decepción. Acabaría con ella.

Sí, Graham había fracasado. Pero había descubierto lo que podía garantizarle el éxito futuro. Estaba lanzado, había aprendido a esconder su verdadero interior. A partir de entonces todo sería cuestión de chasquear los dedos y… ¡Abracadabra! El camino estaría despejado. Triunfaría en su empresa y en su vida. A los demás no les quedaría más remedio que reconocerlo y darle todo aquello que el pensaba se merecía. Si no…

¿Es este el camino correcto?

Hace dos semanas tenía la oportunidad de leer un artículo en el que vaticinaban una tormenta perfecta en el futuro laboral de España y que nos afectará a todos nosotros en pocos años. Afirmaban que unos 7 millones de puestos de trabajo se destruirían en algo más de cuatro años. Me quedé preocupado, la verdad. Si es cierto, ¿sabremos afrontarlo? ¿Tendremos capacidad de respuesta?

Si nos fijamos en lo que sucede a nuestro al rededor desde el comienzo de la crisis económica, en todo lo que hemos pasado desde entonces y en todo lo que nos queda aún, podríamos ver el futuro con más esperanza de lo que nos cuentan. Todos, sin excepción, hemos pasado por un proceso de reinvención, de renacimiento, de transformación.

Pero a pesar de estos esfuerzos, en muchas empresas, como es lógico, lo que más se valora es el coste de personal. Todos los días conocemos noticias de prejubilaciones, despidos o expedientes de regulación de empleo, los famosos ERE´s. En su mayoría, esas personas que son privadas o incentivadas por finalizar su relación laboral superan los cincuenta años. Muchas personas pueden pensar que hacerlo con personas de esa edad reducirá mucho su coste empresarial. Es más, en muchos casos simplemente será el resultado de unos cálculos de costes introducidos en un programa contable.

A pesar de dar las cifras exactas, se equivocan.

Salvo en contados casos, que todos los integrantes de las empresas o administraciones conocen, las personas de esa edad cuentan con una visión, una experiencia y unos conocimientos que sumados a la responsabilidad que tienen como personas hacen que sean mucho más difíciles y costosos de reemplazar de lo que en un principio se pudiera calcular. La mayoría son personas que con el tiempo han sabido adaptarse, mejorar, reinventarse y ser capaces de dar lo mejor de si mismos para su empresa. Han luchado en mil batallas y saben lo que hay que hacer sin que nadie se lo diga.

Aunque también es cierto que habrá puestos de trabajo que sean obsoletos y se conviertan en innecesarios, también habrá que aceptar como un fracaso que no se hayan integrado o se hayan formado para estar en la línea de lo que demandan los clientes y evolucionar como lo hacen miles de corporaciones actualmente. Para que esto no ocurra, debemos animar a nuestros equipos a que se regeneren, se renueven, se reinventen. Hay que decirles que, aunque cueste…

…es el momento de escalar de nuevo.

exito

Graham, finalmente, limpió su camino de obstáculos y logro alcanzar su objetivo. Desde luego, eliminar a tus contrincantes y deshacerte de todo aquello que te molesta, no es el mejor camino o la mejor solución. Y aunque pueda ponerse como ejemplo de desahogo no fue lo más correcto. Aunque a él le sirviera.

Deshaciéndonos de los veteranos de nuestros equipos, de nuestras empresas o administraciones, quizá podamos conseguir una reducción de costes de nuestra cuenta de resultados. Pero perderemos mucha efectividad en nuestras acciones, perderemos la visión real de lo que necesitamos, perderemos parte de nuestra esencia, perderemos nuestra identidad. No podemos dejar que toda esa experiencia y todo ese talento se eche a perder. Si lo hacemos, será un verdadero fracaso.

Como dijo Henry Ford: «El único verdadero fracaso es aquel del que no aprendemos nada».

¿Lo intentamos de nuevo?

¡Aprendamos ello!

Jorge Jiménez Suárez

Deja un comentario