14 Abr, 2016

Tus reglas, tu honestidad, tu destino.

– «¡Arranca!» – Dijo uno de los encapuchados al subirse al coche.

<Silencio>

– «¡Arranca!» – Le espetó de nuevo.

– «Sois cuatro.» – Dijo Frank

– «Sabes contar, impresionante. Ahora arranca.» – Le ordenó de nuevo el encapuchado.

– «Punto uno: no modificar el trato y el trato era…»- Respondió otra vez con la pistola en la sien.

Frank Martin era un militar retirado especialista en transportar cosas o personas. Siempre sin preguntas y con cuatro reglas fundamentales:

Uno: Nunca modifiques el trato.

Dos: Nada de nombres.

Tres: Nunca abrir el paquete.

Y gracias a ello lograba sobrevivir y terminar con éxito su trabajo.

Ese día había acudido a las diez en punto al lugar acordado. Motor en marcha, esperaba a sus clientes a la salida del banco. Pero algo no cuadraba. En ese momento no estaba todo como tenía que ser. Él era firme en sus convicciones. Tenía un trato con ellos, tenía que cumplir sus propias reglas y…

…tenía que transportarlos a su destino.

reglas

Pero un día, Frank rompió sus propias reglas: abrió el paquete. A partir de ese momento sabía que tendría problemas y le costaría mucho enderezar de nuevo la situación. Estaba en el ojo del huracán. A partir de ahora…

…era un profesional en dificultades.

Siempre puede haber momentos en los que nos veamos en dificultades por saltarnos nuestras propias reglas. Todos, de una manera u otra, las tenemos, aunque no las tengamos por escrito. Son reglas que por lo general nos ayudan a mantener un estilo, un rol, una forma de trabajar. Son reglas que nos permiten saber cómo actuar en cada momento y ante cualquier situación.

Es importante respetar nuestras propias reglas.

También es cierto que en algún momento puede haber variables o circunstancias que nos obliguen a cambiar nuestra manera de ver las cosas y ante situaciones imprevistas, nos veamos en la necesidad de improvisar y saltarnos esas «líneas rojas» que nos habíamos marcado o que teníamos costumbre de no rebasar.

Ante todo hay que mantenerse firme, ser honesto.

Para poder trabajar con un cliente, aparte de atender correctamente su solicitud, lo primero es generar confianza. Y para hacerlo es necesario ser honesto. Detallar lo que se puede hacer o lo que no y valorar los «pro» y los «contra», aunque no les guste lo que puedan oír. Así, evitaríamos «sinsabores» en el caso de que alguna variable, que no hubiésemos explicado, hubiera cambiado el resultado de nuestro trabajo.

Debemos trasladar nuestras reglas a todos los ámbitos.

Nuestras reglas no sólo deben referirse a una parte de nuestro trabajo, negocio o vida personal. Deben hacerse extensivas a todo aquello en lo que formemos parte. Si eres honesto en tu trabajo, también debes serlo en tu vida personal. Si lo eres frente a un cliente, también debes serlo ante un usuario o seguidor de tu marca en redes sociales. Debes mantener el rumbo en todos los campos, esa es la mejor regla de todas.

Debemos ser ecuánimes.

Baste como ejemplo el artículo que esta semana han publicado en un medio de prensa sobre Howard Gardner en la que afirma: «una mala persona no llega nunca a ser un buen profesional». Y estamos completamente de acuerdo. Siempre hemos dicho que «se puede ser buen profesional o mal profesional, pero nunca, nunca, mala persona».

camino

Fran Martin era seco, duro, impasible. Pero era cumplidor con su palabra y los tratos que realizaba. A pesar de su estilo, se ganaba el respeto y la confianza de aquellos que le contrataban. Era serio y formal. Acataba sus propias normas y las trasladaba a las demás partes de sus acuerdos profesionales. No había sorpresas, todo era claro, todo era transparente. Todo conforme a sus cuatro reglas.

Al trabajar en equipo, debemos ser muy cuidadosos con las normas, las reglas o las condiciones que nos marcamos a nosotros mismo, a nuestros clientes y a todos aquellos que nos acompañan. Nos ayudarán a que todos podamos cumplir con lo que nos piden. Recordemos que detrás de nuestro trabajo hay mucha gente que también lo hace posible y depende de nuestro esfuerzo y de nuestra experiencia que se note, que sienta y que se disfrute. Por ello debemos ser firmes al cumplir con las reglas y ser honestos.

¡Ah! La cuarta regla de Frank Martin era:»No prometas lo que no puedas cumplir«.

¿Hacemos un trato?

Elige tu destino.

Jorge Jiménez Suárez

1 Comentario

Deja un comentario