12 Nov, 2014

Un fracaso, una nueva oportunidad.

– «¡Vamos chicos, ya he conseguido el disco de Barry White!» –

Y bajaba por las escaleras al son de la música hasta la sala de reuniones.

-«Ponedme un café, por favor» – volvía a decir.

Así era mi antigua jefa, una persona con mucha iniciativa y muy alegre. Era capaz de arrastrar a todo el mundo con sus buenas ideas. Muchas mañanas comenzábamos nuestras jornada con música en aquella oficina y, de verdad, lograba levantarnos el ánimo.

Un pensamiento venía de nuevo a mi cabeza:

«La música, ese ritual que nos pone en situación cada mañana.»

Me recordaba en cierta manera a cómo comenzábamos nuestra jornada en otras empresas en las que tuve la oportunidad de trabajar con anterioridad. Atrás quedaron, pero seguían presentes en mi memoria.

En aquella pequeña agencia, en general, reinaba el buen ambiente. A pesar de su pequeño tamaño y sus ajustados recursos, era capaz de sacar adelante grandes campañas para grandes empresas. Todo esto se debía al empuje de su dueña y a la ilusión que nos contagiaba a los que allí trabajábamos.

Agencia de marketing

El punto fuerte de aquella agencia era la capacidad de ponerse en marcha para llevar a cabo cualquier acción. Toda campaña, por pequeña o grande que fuera, se ponía inmediatamente en marcha y toda la empresa se involucraba a «pleno pulmón». También había campañas continuas en las que todos formábamos parte y nos mantenían continuamente en contacto.

Por aquella época la agencia tenía cierto éxito con las campañas periódicas de mailing postal de uno de nuestro clientes. Todos en la oficina, mientras hacíamos nuestras labores habituales, teníamos nuestras montañas de cartas y sobres para manipular y enviar. Cuando se juntaban con campañas de envío de materiales promocionales y campañas de PLV, aquello podía llegar a la saturación. Y en Navidades, era una auténtica locura.

Eso sí, nuestra jefa siempre conseguía sacarnos una sonrisa. Trabajar así, con tan buenos clientes, con tan buen ambiente, era un gran aliciente y una dosis de motivación extra.

Con la revolución de internet y la mensajería electrónica, las campañas de mailing masivos fueron reduciéndose paulatinamente hasta su desaparición. Las campañas de envío de material promocional, como las demo o las preview, dejaron de enviarse por los canales convencionales. Y las campañas de decoración en punto de venta dejaron de ser tan vistosas.

La realidad empezaba a presentarse a los consumidores con mayor rapidez, con inmediatez, a golpe de click. Atrás empezaba a quedar el esquema tradicional del marketing y comenzábamos a adentrarnos en la era digital y en los albores del mundo 2.0. En nuestra oficina empezó a parpadear la voz de alarma con el simple hecho de ver reducida la actividad que hasta ese momento llevábamos. También porque la dueña de la agencia no hacía nada por que nos fuéramos adaptando a las nuevas tecnologías y a las nuevas campañas.

Nadie hizo nada. Sólo ver como aquello se hundía lentamente cada día. Por mas que insistiéramos, no conseguimos cambiar la dirección que llevaba aquella situación. Me marché un año antes de que desaparecieran. La agencia, a pesar tener grandes años, al final, había perdido su oportunidad y había fracasado.

Me marché con el tiempo de planificar y disfrutar de esta nueva aventura.

Marketing mix

Aquella pequeña agencia tuvo sus años de éxito, pero no supo adaptarse a los cambios, a las nuevas necesidades, a las nuevas tendencias y acabó desapareciendo. Con el tiempo, la falta de empuje del líder de aquel proyecto y la escasa motivación final de sus miembros, forzaron su agónico fin. Sus grandes clientes siguieron con otras agencias que les entendieran y pudieran atender a sus nuevas necesidades. Todo cambió a gran velocidad, y no supieron hacerle frente.

Los líderes de un proyecto son necesarios y muy importantes. Su falta de empuje y visión producen la desmotivación y la pérdida de competitividad del equipo. Cuando se tiene un proyecto se debe cuidar al máximo y tener bajo control todas las variantes. Deben estar muy atentos a los cambios y a las mejoras. Y si algo falla, siempre hay tiempo de volver atrás y comenzar de nuevo. Debemos seguir intentándolo, no hay que tener miedo a cometer errores, a fallar, a equivocarnos. Al fracaso.

Como dijo Henry Ford: «el fracaso es la oportunidad de empezar de nuevo con más inteligencia».

Busca tu oportunidad.

¿Un poco de música?

Jorge Jiménez Suárez

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