20 Abr, 2013

Viralidad, el misterio de la calidad del contenido.

Berengario, el ayudante del bibliotecario, entre agudos dolores, se aproximó a la bañera y se introdujo en ella vaciando el bote con hojas de lima. Pretendía tomar un baño calmante para sus dolores, pero no lo logró y entre horribles espasmos murió ahogado en ella. Era la tercera víctima y otras más quedaban por llegar.

¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué morían los monjes? ¿Qué misterio encerraba aquella abadía?

El mayor misterio de aquella abadía era su biblioteca, un perfecto laberinto que albergaba una inmensa cantidad de conocimientos dentro de miles de libros de incalculable valor. Y entre todos ellos, uno en especial, la segunda parte del «Tratado de poética de Aristóteles«, en el que se hablaba de la comedia.

¿Y por qué la comedia?

Porque divierte, porque genera la risa.

¿Cuál era la consecuencia de la risa en aquellos momentos?

«La risa acaba con el miedo y el miedo es lo que hace que la gente se acerque a la Iglesia«, así lo afirmaba Jorge Burgos, el antiguo bibliotecario.

El miedo, el temor de Dios era lo que hacía que muchas personas dependieran de la Iglesia en aquella época de la historia y la risa podía acabar con esa situación en la que muchos se habían «acomodado». Para muchos era el único camino para poder salir de sus limitadas vidas y acceder a la cultura, al conocimiento, al saber. Las abadías, los monasterios, los claustros de la Iglesia fueron en la Edad Media en especial y en varios siglos posteriores, los lugares donde se guardaba toda la documentación, los códices, los libros, la cultura. A ellos acudían todo tipo de personas para aprender, para compartir, para transmitir conocimiento. Tener la oportunidad de pertenecer a la Iglesia en aquellos tiempos podía considerarse como pertenecer a una clase selecta, ser la élite de la cultura y ser considerados como los garantes del saber.

A partir de aquí se planteaba esta disyuntiva, ¿qué interesaba más, fomentar la transmisión de conocimiento o la posesión del mismo? En el caso de la novela a la que hacemos referencia había que poner unas barreras al acceso del saber: un laberinto, un escondite, un veneno mortal. No interesaba que todos accediéramos al saber, no interesaba que todos fuéramos iguales, ya que estar en posesión del conocimiento y la cultura nos hace libres, independientes.

Unos cuantos siglos después, gracias a internet y a las redes sociales, podemos acceder al saber y a los contenidos instantáneamente, sin pedir permiso, sin miedo, sin temor. Los buscadores como Google son la lana de la ropa de Adso de Melk que nos conducen a la salida del laberinto o a la información que necesitamos. Las salas de cada planta de la biblioteca son el posicionamiento al que se puede acceder si nuestro producto o servicio es bueno o está bien valorado o sencillamente, bien estudiado. La biblioteca es una autopista de información llamada internet en la que se alberga y se proyecta la imagen de nuestra empresa, de nuestros clientes, de los usuarios, de las personas,.

Gracias a ello, podemos ser muy rápidos en informar y en transmitir conocimiento sobre las marcas, podemos incluso obtener un éxito mayor y más rápido en la viralización de una acción o de un contenido. Si la risa fue considerada una amenaza, hoy en día es lo que más produce contenidos virales. Todo lo que es agradable y divertido suele tener mayor acogida entre los usuarios y el público en general. Nos gusta todo aquello que nos produce buenas sensaciones y nos motiva. Lo que nos produce alegría.

La semana pasada tuve la oportunidad de presenciar una perfomance de Oscar Mayer en el Hipercor de Pozuelo de Madrid y me pregunté: ¿realmente esto tiene impacto en el punto de venta?¿Y fuera del punto de venta? Enseguida obtuve la respuesta, decenas de personas con su smartphone grababan la puesta en escena y lo compartían por la red a través de Twitter, Facebook o YouTube. Evidentemente los profesionales que habían planificado este tipo de campañas, habían tenido en cuenta la viralidad de sus acciones a través de las redes sociales y su apoyo a través de otros medios y soportes. Habían contado con la reacción de las personas.

Bravo por Oscar Mayer y su agencia de publicidad McCan-Erickson. Fantástica campaña.

«El nombre de la rosa» escrita por Umberto Eco, es una de las novelas más famosas que se han escrito a finales del siglo XX. Su repercusión fue tan grande que se adaptó al cine y el propio autor tuvo que escribir unas «apostillas» para poder explicar y comentar todo lo que había escrito. Es de los libros más leídos y premiados. Su  éxito fue un caso claro de viralidad por la calidad de su contenido. Se calcula que se han vendido mas de 50 millones de ejemplares y se ha traducido en más de 50 idiomas. Las cifras de su adaptación al cine también fueron apabullantes.

¿Cuál es la clave del misterio?

La calidad del contenido.

¿Viralizamos?

Jorge Jiménez Suárez

 

 

15 Comentarios

  • Viralizamos !!! Esplendido post 🙂

  • Si Umberto Eco leer tu artículo se le caer la baba! Felicidades!

    • No es para tanto, pero, se agradece el cumplido. Un saludo.

  • Si Umberto Eco lee tu artículo se le caerá la baba! Felicidades!

  • Hola Jorge, me ha encantado de principio a fin, por contenido y por el misterio con el que has desarrollado el tema.

    Enhorabuena!! Y por supuesto, lo comparto. 😀

  • Enhorabuena! Muy interesante artículo

  • Gracias Rocío, quizá un poco extenso esta vez, ¿no?

  • Todas las entradas son muy buenas, pero está especialmente. Enhorabuena, no dejo de leer ninguna aunque sea con retraso. A nuestros políticos no les explicamos lo de la viralidad, es pérdida de tiempo

    • Gracias por seguir el blog y por el cumplido. En los tiempos que vivimos de dificultad es cuando mas debemos propagar las buenas cosas que tenemos. Un saludo.

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